Enrique Dussel: ÉTICA
DE LA LIBERACIÓN
ÉTICA DE LA LIBERACIÓN DicPC Diccionario de Pensamiento Contemporáneo.
https://docer.com.ar/doc/10sn81
La Ética de la Liberación tiene
como peculiaridad asumir los grandes temas tratados por las éticas filosóficas
desde la perspectiva de las víctimas de la
historia, considerando el proceso de
globalización a finales del siglo XX. Nacida en la década de los 60 en América
Latina, intenta integrar en el presente los diversos procesos de dominación,
situándolos dentro de una perspectiva mundial. Para ello debe: 1) reconstruir
los fundamentos filosóficos de la ética; 2) definir claramente su especificidad
crítica; 3) argumentar en referencia a sus oponentes estructurales; y 4)
precisar las orientaciones básicas en los variados
frentes de liberación.
I. RECONSTRUCCIÓN DE LOS
FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA.
Los llamados fundamentos de la /ética deben situarse al
menos en tres niveles. a) En primer lugar, el momento material de la ética. Los defensores más
relevantes de una ética material son, entre otros, la filosofía griega
eudemonista, el pensamiento medieval con el concepto de beatitudo, que se continuó con variantes
en el racionalismo moderno, y, más recientemente, los utilitaristas, las éticas
de los valores, y actualmente los comunitaristas. La ética anterior a la
/Modernidad se fundamentaba exclusivamente en los contenidos
teleológicos y eudemonistas —desde una comprensión
del contenido de la /felicidad propio de cada cultura, sea la griega, cristiana
o musulmana—. La objeción de las morales formales contra estas éticas consiste
en indicar que todo contenido material es siempre definido de manera
particular, por tratarse de impulsos egoístas, regidos por motivaciones
corporales particulares, y los /valores (con pretensión de universalidad) no
pueden sobrepasar el horizonte de una cultura. La /Ética de la Liberación, sin
embargo, necesita una ética
material, porque como su punto de partida
crítico son las víctimas, que sufren en su corporalidad el dolor y la
infelicidad, necesitan partir del contenido de la ética. Para ello propone un
principio material universal: la obligación ética de reproducir y desarrollar la vida del
/sujeto humano, dentro de una comunidad de vida presupuesta, con pretensión de
abarcar a toda la humanidad. Su criterio de
/verdad es la vida y la muerte. Este
principio mide la eticidad de toda norma, acción, institución o sistema de
eticidad posible, y es internamente en cada cultura un principio universal que
puede juzgar a la misma cultura, y permitir, además, un diálogo intercultural
de contenidos. b) En segundo lugar, el momento formal
de la moral. Los que propugnan una moral
procedimental, tales como I. Kant, desde el liberalismo de J. Rawls, a partir
del pragmatismo de Peirce, K. O. Apel, J. Habermas o A. Cortina, y muchos
otros, escépticos de las éticas materiales, propugnan la universalidad de una
razón discursiva como obligación moral en argumentar hasta alcanzar validez intersubjetiva por el acuerdo
de todos los participantes afectados acerca de lo que debe obrarse (la norma de
la acción). Su criterio de validez es la intersubjetividad simétrica. La Etica de la Liberación
subsume este principio formal de consensualidad, pero lo adopta como el
procedimiento moral para aplicar los contenidos del momento ya indicado de la
ética material. La norma, acción, institución o sistema que permite reproducir
y/o desarrollar la /vida de los sujetos debe acordarse con validez
intersubjetiva por simétrica participación de todos los afectados. c) En tercer
lugar, el momento de factibilidad de la ética. Ante la no-factibilidad de los fines imposibles del
/anarquismo, deben tomarse muy en cuenta las circunstancias naturales,
científicas e históricas de todo tipo en la efectuación de una acción futura.
Lo acordado válidamente acerca del contenido que permite la vida, debe ahora ser factible
—con factibilidad técnica, económica, política, como
lo propone F. Hinkelammert—. La factibilidad medio-fin de la razón
instrumental-estratégica debe supeditarse, en la determinación de las
mediaciones, a los principios material ético (mediaciones de la vida del sujeto
humano) y formal moral (consenso de los afectados en simetría). Su criterio de factibilidad es la eficiencia, pero desde exigencias éticas. Sólo en este caso
la realización de la norma, acción, institución o sistema lo constituyen como bueno: como factible mediación de la
vida acordada libremente por sus afectados. Con ello habríamos reconstruido los
fundamentos de una Etica de la Liberación.
II. DEFINICIÓN DE LA
ESPECIFICIDAD CRÍTICA.
Pero la Etica de la Liberación
es una ética crítica que parte de las víctimas de la historia. Por ello,
nuevamente, deberá situar su especificidad ante otras éticas críticas. a) En
primer lugar, se trata del nivel crítico
material de la ética. Hay diversas
éticas críticas, tales como la del pensamiento económico de Marx en El capital 1; la de la Teoría crítica, desde la materialidad negativa
de la primera Escuela de Frankfurt —incluyendo a Horkheimer, Adorno, Marcuse o
Benjamin—; la de las críticas desde las pulsiones contra el orden ético
represor establecido 2; o la crítica ética de la Totalidad por parte de E.
Lévinas. La Etica de la Liberación, como en los casos anteriores, las subsume
en muchos aspectos, pero situándolas de manera definida dentro de una arquitectónica
diferente. La razón ético-crítica inicia su ejercicio desde las víctimas, desde
el dolor de su corporalidad (materialidad del contenido) y de la negación de su
dignidad (del no reconocimiento formal de ser sujetos iguales, con libertad
como potenciales participantes en la comunidad de la argumentación consensual),
y descubre la negatividad de la
imposibilidad de vivir, de cumplir las
necesidades y los instintos de vida correspondientes (pulsiones), y de participar en dicha comunidad
(por estar excluidos asimétricamente), en la no-factibilidad de la realización
de dichas mediaciones necesarias ético-morales. Se trata del momento crítico
por excelencia, en el que, desde las negatividades indicadas, y por la
afirmación de la vida y de la subjetividad del Otro, distinto del sistema
dominante, se critica negativamente la norma, acto, institución o sistema que
es responsable de tal victimación. b) En segundo lugar, se trata del nivel
crítico formal de la moral. La misma víctima que ha tomado la conciencia ética
crítico-negativa, interpela a expertos, científicos, filósofos, etc., a la
co-solidaridad co-responsable. Surge así una comunidad crítica de comunicación
de las mismas víctimas (tema tratado por P. Freire en la Pedagogía del oprimido) y de
«intelectuales orgánicos» (diría Gramsci). La verdad
práctica de la norma, acción,
institución o sistema es puesta en cuestión; es falsada. Lo mismo acontece con
su legitimidad, su validez. La comunidad crítica de comunicación parte así de la simetría de
las víctimas, antes asimétricamente excluidas. Ellos abren nuevos paradigmas,
nuevas dimensiones de acceso a la realidad (verdad
crítica) y alcanzan validez antihegemónica, que
rechaza la antigua validez, ahora para ellos como no legítima (es la conciencia
de los nuevos derechos humanos). Cuando el antiguo orden de eticidad cumple
acciones de coerción legítima, es experimentada por los movimientos sociales
(sujetos sociales que surgen y desaparecen según las coyunturas históricas; es
decir, estas comunidades antihegemónicas) como represión ilegítima. Ha habido
una transformación histórica de los contenidos (veritativos) válidos
(intersubjetividad crítica). Efectúan así una crítica del pasado, de la norma,
acción, institución o sistemas vigentes, encontrando el origen del sufrimiento
o negatividad de las víctimas. Es una tarea analítica (de expertos,
científicos, filósofos, etc). Este es el aspecto crítico negativo. El crítico
positivo, desde el Principio /Esperanza de un Bloch, consiste en bosquejar los criterios materiales,
formales y de factibilidad concretos éticos-morales de las alternativas futuras
que permitan a las víctimas vivir en dignidad: son los proyectos discernidos
por las comunidades críticas de comunicación. c) En tercer lugar, se trata del
nivel crítico de la factibilidad de la ética, y ahora, y sólo ahora, debemos ocuparnos de la praxis
de liberación. En efecto, la praxis de
liberación de los sujetos históricos (las
víctimas y sus co-solidarios), individuos, comunidades o movimientos, es una
actividad encaminada a la efectiva transformación
de la norma, acción o institución (como ética de la
vida cotidiana) o de sistemas de eticidad (como ética más radical, y en escasos
momentos en la historia de la humanidad como ética revolucionaria) en vista de
que la vida y la dignidad participativa de las víctimas pueda ser factiblemente
llevada a cabo en simetría. La praxis de liberación debe ahora enfrentarse a
otros oponentes: al conservador reformista que efectúa modificaciones para que
el sistema quede igual. Además, no cree posibles ni convenientes las
transformaciones que la praxis de la liberación propone, desde el criterio de
la posibilidad de la vida y dignidad de las víctimas. Negativamente, la praxis
de liberación debe deconstruir las normas, actos o instituciones (y muy
excepcionalmente sistemas enteros de eticidad) que son el origen del
sufrimiento o negatividad de las víctimas. Estos actos producen resistencia
contra la coerción que se ha tornado ilegítima, y no pueden llamarse violentos
—sino ejercicio de la coerción legítima en nombre de nuevos derechos, ante la represión
o coerción ilegítima del Estado de
derecho antiguo—. Positivamente, es construcción
de la norma, acto o institución (sólo en las revoluciones
un sistema de eticidad
completo) que permitan a las víctimas reproducir y desarrollar sus vidas como
plenos participantes simétricos en la toma de decisiones consensuales
factibles. Estos seis momentos indican el proceso abstracto de la praxis según
la Etica de la Liberación.
III. FUNDAMENTACIÓN DE
LA ÉTICA DE LA LIBERACIÓN.
Fundamentar racionalmente esta
Etica indica el procedimiento por el que se dan razones para poder afirmar sus
principios. Contra el mono-principismo de casi todas las éticas (cada una de
ellas propone un principio, que al fin siempre es necesario, pero no suficiente para
justificar toda acción posible como buena), la Etica de la Liberación propone al menos los seis principios
indicados, y deja abierta la lista para muchos otros. Cada principio se
fundamenta (se argumenta) contra opositores diversos. Así,por ejemplo, el
principio moral de la Etica del Discurso se fundamenta ante el escéptico.
Veamos, como ejemplo, los seis principios, con sus tipos de racionalidad y sus
oponentes. a) En primer lugar, en el nivel de la ética material se ejerce una razón ético-material, que
Hinkelammert denomina razón reproductiva, Lévinas razón
ética preoriginal, Zubiri inteligencia de
realidad, etc. Esta razón ético-material expresa enunciados de hecho («Los
alimentos son necesarios para la vida») de los que, mediante un argumento
conveniente, permite deducir una obligación ética (contra la llamada falacia naturalista, que aquí
estamos fallando), y por lo tanto un enunciado normativo: «El ser humano, por
ser viviente, debe ingerir alimentos». No es sólo un hecho, es un deber ético —lo
contrario sería suicidio—. Los enunciados normativos ligados a las necesidades
de la reproducción y desarrollo básicos de la vida del sujeto humano tienen
pretensión de verdad universal, valen para toda cultura (en cada una de ellas
tiene pretensión de validez y rectitud), orden de valores, y dicen relación a
pulsiones de vida y su cumplimiento fundamental. El que puede pretender refutar
este principio ético es el cínico, o el cinismo de los sabios ascetas
3, que justifica la muerte (o
algún tipo de muerte). Sin embargo, nadie puede justificar la negación de la
vida desde la pura muerte, sino que, al final, es por la vida o algún aspecto
de ella por lo que se pretende negarla. Se cae en una contradicción
performativa. b) De la misma manera, en segundo lugar, en el nivel de la moral
formal se ejerce una razón moral
discursiva, que se levanta contra el
paradigma de la conciencia, de la razón instrumental o meramente solipsista
lingüística. El oponente es el escéptico, al que se le demuestra que cae en
contradicción performativa, ya que no puede argumentar radicalmente contra toda
argumentación, o que al argumentar ya ha presupuesto pretensiones de validez
universales. c) Así también, en tercer lugar, en el nivel de la factibilidad se
ejerce una razón
instrumental-estratégica, que si se pretende única y
fundamental lleva a caer en la crítica que levantaron contra ella Horkheimer y
Adorno; pero que si se atiene a los principios ético y moral es perfectamente
subsumida en un acto racional mucho más complejo. El oponente al principio de
factibilidad ética u operabilidad es el anarquista, que cree factible lo
imposible, y que, por lo tanto, niega el principio de factibilidad ética,
porque niega la posibilidad ética de toda institución. Cae así en posiciones
extremas: o efectúa institucionalmente (el movimiento anarquista) la negación
absoluta de toda institución (la acción directa); o acepta que lo imposible es
posible («Si todos fuéramos sujetos éticamente perfectos las instituciones no serían
necesarias»); o afirma que toda institución siempre es perversa («Toda
institución, por disciplinar la acción hacia un fin, es represión éticamente
perversa»). En todos los casos se ha colocado más allá de la historia o ante la
imposibilidad de hacer historia. d) Por su parte, en cuarto lugar, en el nivel de la crítica-ética
se ejerce una razón ético-crítica,
cuyo principio (la obligación de
criticar el orden que produzca víctimas y en tanto las produce) es negado por
un nuevo oponente: el conservador, que cree que el sistema vigente es el mejor
posible. Un sistema de plausibilidad perfecta, que no necesitara crítica ni
acción alguna tendiente a su legitimación es imposible. Todo sistema histórico
y finito produce necesariamente víctimas (o sería el sistema perfecto, lo que
supondría, usando el argumento de Popper, una inteligencia infinita a velocidad
infinita y, además, y no lo dice Popper, una estructura instintivo-pulsional
igualmente perfecta, con lo cual no sería libre, porque desearía sólo lo más
perfecto necesariamente). El conservador a lo P. Berger se contradice
performativamente al intentar argumentar contra toda crítica ética posible del
sistema vigente. e)
En quinto lugar, en el nivel de
la moral crítica se ejerce una razón
crítico-moral, que obliga por su principio a
colaborar racional y argumentativamente con las víctimas contra la validez
hegemónica, dominante o represora; el oponente es el dogmático (del sistema o
la vanguardia) que opina que la comunidad, el sistema o el movimiento al que
pertenece (por ejemplo, el Partido bolchevique de Lenin como criterio de verdad, que
ahora llamaríamos vanguardismo dogmático) está en la verdad y es el único válido. El dogmatismo se contradice
performativamente porque ninguna verdad o
validez puede ser absoluta, perfecta,
no-falsable por definición. Sería la verdad o la validez absoluta (y, de nuevo,
se necesitaría una inteligencia perfecta a velocidad infinita para alcanzar de
una vez para siempre la identidad de la Realidad y el Pensar, como en Hegel);
pero esto es imposible para la humanidad. Luego toda verdad —en cuanto el acceso a la
realidad es histórica—, y toda validez — en cuanto la intersubjetividad se desarrolla igualmente en la
historia— no sólo puede, sino debe ser falsable en el desarrollo de la
historia. Luego, las nuevas verdades y el logro de nueva validez antihegemónica
se levanta sobre la ceniza de las antiguas verdades y consensualidades
hegemónicas. f) Por último, en sexto lugar, en el nivel de la factibilidad
crítica se ejerce una razón
liberadora, último momento de la
racionalidad (que subsume todos los anteriores momentos prácticos y teóricos de
la razón), y que se ocupa de la construcción efectiva y real de la eticidad
creadora, nueva, que estructura un mundo habitable para las antiguas víctimas.
El oponente al principio-liberación (que obliga a la comunidad crítica a
realizar la alternativa factible que ha decidido consensualmente) es el
conservador antiutópico, que cree que la alternativa posible (la utopía
realizable) de las víctimas es el mal absoluto (a lo Popper en los Enemigos de la sociedad abierta, que en realidad es la ciudad
cerrada, vigente y dominadora). Para el
conservador no es posible desde el sistema lo que es
posible para la víctima desde su
consensualmente estudiada alternativa factible. Pero el conservador antiutópico
se contradice, porque no puede declararse perversa o peligrosa una alternativa
antes de haber estudiado su factibilidad, y sin embargo la utopía de las
víctimas es declarada a priori perversa, con el argumento de que una anticipación perfecta es
imposible. Pero la utopía factible de las víctimas no pretende ser una
anticipación perfecta, sino finita, posible, y el argumento antiutópico de Popper no demuestra la imposibilidad
de la alternativa anticipativa aproximativa (y no perfecta). Es toda la crítica de la razón utópica.
IV. ORIENTACIONES EN
ALGUNOS «FRENTES» DE LIBERACIÓN.
M. Walzer escribe una obra
sobre las Esferas de justicia. En un sentido análogo hablaremos de frentes
—en lugar de esferas,
porque es una lucha
por el reconocimiento— de /liberación. No se trata de
una justicia dada, sino de una justicia por operarse en el futuro con respecto
a las víctimas del presente. Indicaremos, a manera de ejemplo, algunos de estos
frentes, para indicar el tipo de orientaciones generales, abstractas, fundamentales que debe problematizar una
Ética de la Liberación. En cada uno de ellos se deberán aplicar todos los principios y
distinciones que hemos analizado con anterioridad. En el frente ecológico, la vida
en la tierra ha sido puesta en peligro de irreversible extinción. La humanidad
va llegando al consenso de que la situación debe solucionarse. Es en la
factibilidad cuando las alternativas son difíciles de adoptar. El sistema
capitalista vigente (que tiende a la valorización del valor, al aumento de
ganancia) no puede, desde sus supuestos, tomar las medidas necesarias para
retornar a un equilibrio ecológico. Se trata entonces de alcanzar una
conciencia crítica más radical, considerando a las víctimas: toda la humanidad
en algún nivel, en especial los más pobres y del /Sur, y de manera trágica las
generaciones futuras que recibirán una tierra en vías de extinción de la vida.
Es necesario tomar medidas con validez colectiva, desde la conciencia ética
masiva, para que las fábricas, los gobiernos, los usuarios, transformen
radicalmente su modalidad de producir, gobernar y consumir. Los movimientos ecologistas deberán
organizar una praxis de liberación ecológica, individual, generacional y
política, que se enfrente efectivamente a los poderes establecidos (económico,
político, cultural, religioso) para deconstruir lo que origina esta situación,
y para crear nuevas condiciones efectivas. En el frente
mundial, desde el comienzo del
despliegue del sistema-mundo, y por la aparición de un mundo colonial, hoy simplemente del
capitalismo periférico, la vida es puesta en cuestión por el empobrecimiento en
la mayoría de la humanidad, en especial en el Sur (el llamado Tercer Mundo). Es
necesario crear consenso en cuanto a la necesidad de no transferir más riqueza
del Sur hacia el Norte, por un sistema de explotación (militar, económico,
político, etc.) que expropia vida del Sur para organizar la abundancia en el
Norte. La factibilidad de esta redistribución de las estructuras productivas,
de circulación, de servicios, y de consumo, se encuentra ligada al poder
militar del Norte, que defiende sus privilegios por la violencia (desde la conquista de América Latina a finales del siglo XV). La liberación de la periferia es un
movimiento ético que involucra a los «condenados de la Tierra» —como escribía
E. Fanon—. En el frente de la
producción, y después del derrumbe del
/socialismo en la Europa del Este (no así en China, Vietnam, Cuba, etc.), el
capital, en su etapa de globalización trasnacional, impone condiciones de
explotación a capitales más débiles (por la competencia), y en especial por un
neoliberalismo que pone en riesgo nuevamente la vida de la humanidad. Se da una
continua quiebra de empresas y el engrosamiento de la marginalidad por el
desempleo estructural creciente, grande en el Centro y mayoritario en la
Periferia. Además, y a fin de compensar pérdidas, la fabricación de armas se
transforma en una producción lucrativa, pero que pone en riesgo la vida en una
doble dimensión: por ser producción capitalista y por fabricar instrumentos de
muerte. La liberación del sistema actual, que será gradual o rápido en el
futuro, deberá hacer posible la vida sobre la tierra para todos, y no sólo para
los propietarios de los capitales más desarrollados. En el frente propiamente económico, el capital explota al trabajo
obteniendo plusvalor. Nace así una clase obrera, mejor remunerada en el Centro,
peor en la Periferia, pero que comienza a sufrir la presión creciente del
desempleo. Masas marginales atemorizan a los que son explotados, pero tienen un
salario —que de todas maneras pierde cada vez más su valor—. La liberación de
las clases asalariadas, por la transformación del sistema económico que se ha
impuesto mundialmente después de cinco siglos, exige extrema creatividad,
también para poder imaginar un sistema donde las masas de desempleados
excluidos vuelvan a ser sujetos productivos. En el frente
político la consensualidad democrática
es puesta en cuestión continuamente por el ejercicio despótico y cada vez más
corrompido de unos pocos (oligarquías) y la exclusión de las mayorías afectadas
en la participación de las decisiones que tienen que ver sobre sus vidas. La
liberación supone la organización de partidos políticos críticos que sepan
formular el origen de tantas injusticias en el sistema vigente, que sepan,
desde el poder, deconstruir esas estructuras, para realizar las exigidas por la
negatividad de las víctimas. En el frente social los movimientos populares deben defender la reproducción honorable
de sus vidas, por medio de organismos críticos (sindicatos en los sectores
productivos, grupos vecinales, de consumidores, de productores pequeños, etc.)
que, como comunidades de presión y práctica realizativa, no sólo creen conciencia,
analicen los aspectos negativos en cada nivel y generen alternativas, sino
tengan la capacidad de realizarlas. En el frente
del género, los movimientos feministas han
desafiado el patriarcalismo machista. Será necesario igualmente reformular la
masculinidad para generar una nueva pareja, una nueva familia, donde la
dominación sexual sea transformada por una relación cumplida, no reprimida o
patológica, donde el principio del placer sea manejado, sin evitar su necesaria
tensión, en relación al principio de realidad. La liberación de la libido es un
momento central de las alternativas necesarias para la constitución de una
subjetividad humana responsable y creativa.
De la misma manera deberíamos
referirnos a frentes tales como: el de los desequilibrios psíquicos, producto de la
sociedad en la que vivimos (los alcohólicos, los drogadictos, las enfermedades
mentales, sociales, etc.); el de las culturas y etnias dominadas, que buscan la
promoción de su identidad; el de la liberación pedagógica de los pueblos negados;
el de la primera edad, de las generaciones jóvenes y la defensa de la niñez, ya que
sufren injustamente el fracaso de las generaciones anteriores; el de la tercera edad, los ancianos declarados
descartables por la sociedad productivista de consumo; el de la discriminación
racial, de las razas no-europeas, humilladas y explotadas por el solo color de
su piel; el de los emigrantes empobrecidos, perseguidos por guerras o
nacionalismos que, como indefensos inmigrantes, pareciera que puede hacerse
sádicamente con ellos lo que se desea; el de las religiones que caen en
fanatismos violentos, en vez de explotar los aspectos liberadores,
especialmente las grandes creencias universales.
NOTAS: 1 Véase El capital es una ética (c. 10 de mi obra El último
Marx, Siglo XXI, México 1985). — 2 Desde la tradición inaugurada por Schopenhauer con su Voluntad de vivir, modificada
por Nietzsche como Voluntad de Poder desde el horizonte del Eterno retorno de lo Mismo, pasando por
Sigmund Freud, como crítica de las pulsiones desde el Inconsciente (Es) al Super-yo
(con los principios de realidad y de muerte como
superación del principio del placer), hasta llegar, por ejemplo, a M. Foucault
(que desde la corporalidad critica una ética hipócrita de la exclusión). —3 Como cuando Schopenhauer enseña
que hay que superar la «Voluntad de vivir», que es por su principium individuationis el origen del sufrimiento. Es necesario una autonegación del instinto de vida para no
temer y ni siquiera temer el morir; más necesario es un ser-parala-muerte, ya que
el morir es el verdadero nacer (enunciado explícitamente por Heráclito,
Sócrates, Buda, y tantos otros sabios).
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E. Dussel