05 mayo 2026
14 marzo 2026
POR UN HUMANISMO, HUMANITARIO
PARA REFLEXIONAR
Acerca de las falsedades que encubren los relatos malintencionados. Un Humanismo, humanitario fundamenta una mirada penetrante que propende a desvelar verdades.
Teología desde Abajo - Teología de la Liberación
https://www.facebook.com/hashtag/ignacioellacuria
Al Siervo de Dios Ignacio Ellacuría se le llamó "comunista" muchas veces, casi siempre como acusación y nunca como descripción honesta de sus pensamientos afines a la Teología de la Liberación y su opción Preferencial hacia los más pobres. En los años más duros de la guerra salvadoreña, el término “comunista” funcionó más como arma ideológica que como categoría analítica: servía para deslegitimar, silenciar y, finalmente, justificar la muerte. Ellacuría fue una de sus víctimas.
Sin embargo, Ellacuría no fue comunista, ni se adscribió al marxismo como sistema político o como horizonte último de sentido. Fue crítico del materialismo reductivo, del ateísmo estructural presente en muchos regímenes socialistas y del autoritarismo que negaba libertades fundamentales. Desde su perspectiva cristiana y filosófica, ningún sistema que sacrifique la dignidad humana puede asumirse sin una crítica radical.
Lo que sí hizo (y esto fue imperdonable para muchos) fue reconocer el valor del marxismo como herramienta de análisis social. Él sostuvo que ciertas categorías marxistas ayudaban a comprender la realidad histórica de los pueblos empobrecidos, a desenmascarar las estructuras de opresión y a nombrar con claridad la explotación y la injusticia. Usar el marxismo como mediación analítica no significaba convertirlo en una fe ni en una ideología totalizante. Para él, el marxismo podía iluminar aspectos de la realidad, pero no podía sustituir al Evangelio ni convertirse en criterio último de verdad.
El centro del pensamiento de Ellacuría no fue nunca la disputa entre capitalismo y comunismo, sino una pregunta mucho más incómoda: ¿qué sistema histórico hace posible la vida digna de las mayorías empobrecidas? Desde ahí, su crítica fue especialmente severa con el capitalismo realmente existente en América Latina, no por razones ideológicas, sino porque producía pobreza estructural, exclusión, violencia y muerte, y además lo hacía muchas veces envuelto en un lenguaje cristiano. Para Ellacuría, esa alianza entre fe y opresión constituía una de las formas más graves de pecado histórico.
Por eso denunció con fuerza el anticomunismo religioso, al que consideraba una ideología de encubrimiento. En nombre del anticomunismo -decía- se justificaron dictaduras, desapariciones, masacres y el asesinato sistemático de campesinos, catequistas, religiosas y sacerdotes. El comunismo fue convertido en un enemigo absoluto para evitar que se cuestionaran las verdaderas causas del sufrimiento del pueblo: la concentración de la riqueza, el poder militar, la oligarquía y la injerencia imperial.
Frente a los modelos enfrentados de su tiempo, propuso una alternativa profundamente evangélica: la civilización de la pobreza. No como exaltación de la miseria, sino como un proyecto histórico donde la sobriedad solidaria, la justicia estructural y el cuidado de la vida humana estuvieran por encima del lucro y del poder. Esta propuesta no nacía de Marx, sino del seguimiento de Jesús y de la contemplación histórica de los pueblos crucificados.
Que Ellacuría fuera acusado de comunista dice menos de él que de la época en que vivió. Fue señalado porque defendió a los pobres como sujetos históricos, porque denunció al ejército y a la oligarquía, porque se negó a separar la fe de la historia concreta. En contextos de violencia estructural, decir la verdad suele ser interpretado como subversión.
Ignacio Ellacuría fue asesinado el 16 de noviembre de 1989, junto con otros cinco jesuitas de la UCA y dos mujeres, en San Salvador. Fue asesinado por vivir y anunciar el Evangelio desde la justicia, la defensa de los pobres y la denuncia profética de la violencia estructural.
El título “Siervo de Dios” es el primer grado oficial en un proceso de canonización. Indica que la Iglesia ha abierto formalmente su causa y reconoce que su vida y su muerte están siendo estudiadas como testimonio ejemplar de fe cristiana.
En el caso de Ellacuría, la causa no se lleva de manera individual, sino junto con sus compañeros jesuitas mártires de la UCA: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Joaquín López y López, Juan Ramón Moreno.
El proceso avanza lentamente, en parte por la complejidad histórica y política del caso, pero su testimonio es ampliamente reconocido en la Iglesia latinoamericana, en la Compañía de Jesús y en el pensamiento teológico contemporáneo.
Más allá del proceso canónico, para muchos pueblos de América Latina (y muy en sintonía con lo que tú misma trabajas desde la teología liberadora) Ellacuría ya es un referente de santidad encarnada, de fe pensada desde la historia y vivida hasta las últimas consecuencias.
29 enero 2026
IECE REVISTA DIGITAL Nº 20 DICIEMBRE 2025
¡NUEVA PUBLICACIÓN!
ACABA DE APARECER EL Nº 20 DE
NUESTRA
IECE Revista Digital (diciembre 2025)
La Revista completa
puede descargarse
de la siguiente página:
https://iece-argentina.weebly.com/uploads/5/7/2/4/57241255/revista_20-_y_errata.pdf
Los números anteriores pueden encontrarse en:
***
Índice de todos los números publicados
Para ver el índice completo:
https://iece-argentina.weebly.com/indice-de-las-revistas.html
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Separata
Somatoestética. ¿Estético o artístico?
Nicolás
Luis Fabiani
En
el presente artículo me propongo seguir reflexionando sobre la somatoestética y
su concepto a partir del trabajo publicado en el número anterior de IECE
Revista Digital Nº 19, julio de 2025. En él sentaba algunas bases a tomar en
cuenta para recortar un campo disciplinar en el que propongo seguir avanzando a
todos aquellos que manifiesten interés en el mismo. En lo que a mí me
concierne, como planteaba en sus últimos videos Enrique Dussel con respecto a
la escritura de su Estética de la liberación, no creo disponer de tiempo
vital más que para exponer algunas líneas de investigación, o más modestamente,
algunas ideas, no ya estudios o teorías como corresponderían concebirse. Valga.
La
somatoestética
Antes
de responder el interrogante sobre “estético o artístico” espero que el lector
aguarde hasta avanzar un poco más en el presente trabajo. Un poco de paciencia,
por favor.
Destacaba
en el artículo citado anteriormente que “la somatoestética refiere al cuerpo
humano, al organismo, un sistema biopsicológico en el que se procesan estímulos
y reacciones ante ellos.” Por otra parte, partía de la consideración de un ser
humano en tanto biosistema. Asimismo,
atendiendo a una consideración más general, adoptaba el punto de vista
sistémico, considerado en muchos de mis trabajos y enfocado en discernir con
mayor claridad algunos conceptos.
Dicho
así, podemos ensayar, ante todo, el enfoque sistémico atendiendo a aquello que
refiere al organismo. Cito de aquel artículo: “Partamos entonces de lo
siguiente: a) “los organismos son quimiosistemas autocontrolados y
semiabiertos” (Bunge, Epistemología: 102) o “los organismos son cosas y, más
particularmente, sistemas concretos.” (Bunge, Tratado de filosofía, Vol. 4:
2012, p. 124); b) somos biosistemas, a la vez que formamos parte de un sistema
social (que incluye los mencionados subsistemas [E] económico, [P] político,
[C] cultural.”
Así
pues, ¿en qué se diferencia mi enfoque, muy especialmente, de otras
aproximaciones a la Estética? En primer lugar en lo que pareciera aún
repercutir, en aquellos, la concepción hegeliana, tal como es conocida a partir
de la publicación de la Introducción a sus Lecciones de Estética:
“A
la vista de lo inadecuado, o, mejor dicho, de lo superficial de este nombre, se
intentó forjar otros, como, p. ej., calística. Pero también éste se muestra
insuficiente, pues la ciencia que proponemos considera, no lo bello en general,
sino puramente lo bello del arte. Nos conformaremos, pues, con el nombre de
Estética, dado que, como mero nombre, nos es indiferente, y, además, se ha
incorporado de tal modo al lenguaje común que, como nombre, puede conservarse.
No obstante, la expresión apropiada para nuestra ciencia es «filosofía del
arte», y, más determinadamente, «filosofía del arte bello».” (Hegel, 1989: 7)
Y
bien, me aparto, como ya alguna vez señalé, tanto de “filosofía del arte” como
consideraciones acerca de lo “bello” y de la “Belleza”. Por lo menos en lo que
concierne al enfoque biopsicológico [Bp]. Y si acaso me ocupo de arte prefiero
hacerlo del plural artes y desde un punto de vista cultural [C].
Por
otra parte, algo más respecto de la propuesta de Hegel: “no le es enteramente
adecuado el nombre de estética, pues «estética» designa más exactamente la
ciencia del sentido, del sentir…”
Precisamente en trabajos anteriores adopté el concepto de aisthesis
(de allí estética) referida a los sentidos, basándome en Baumgarten, alguien a
quien Hegel eludía nombrar cuando mencionaba que “la escuela wolffiana debía
convertirse en una disciplina filosófica en aquella época en que en Alemania
las obras de arte eran consideradas en relación a los sentimientos que debían
producir…” (Hegel, 1989: 7)
Respecto
de la belleza Umberto Eco señalaba: “Este libro -se refiere a la Introducción a
la Historia de la belleza- parte del principio de que la belleza nunca
ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros
según la época histórica y el país...” [14] Volveré más adelante sobre estas
cuestiones referidas a la Belleza y aun hasta la distinción hegeliana entre lo
bello natural y lo bello artístico. (cf.
Dussel, lo que llama “belleza física o natural”)
La
somatoestética tiene que ver, pues, con los sentidos, con los procesos
perceptivos y más, en tanto somos biosistemas. Debo señalar que, en mis
primeras aproximaciones a nuevos enfoques, me centraba en la neuroestética.
En adelante, al considerar que el cerebro es un órgano más en nuestra
constitución, y que el sistema nervioso también es un más de esa
constitución, adopté somatoestética para denominar esta disciplina que
deberá considerarse de aquí en más como tal. Soma y aisthesis y,
si se quiere, los sentidos como puertas de acceso para los procesos perceptivos
y emotivos que se originan al abrirse esas puertas. Caben aquí las precisiones
que adopta Shusterman quien, por caminos distintos del mío, adopta la
denominación “somaestética” respecto de somatoestética como propongo.
Adopto el prefijo somato en relación con otros usos ya habituales; somatología,
somatoestesis, somatosensorial, y otros. Pero vayamos a las
precisiones. Además de los sentidos “individuales” (como denomina el autor
citado a los cinco sentidos “familiares”), señala: “Les sens somesthésiques
sont généralement divisés en extéroceptifs (liés à des stimuli extérieurs au
corps et ressentis sur la peau), proprioceptifs (venus de l’intérieur du corps
et portant sur l’orientation de parties du corps les unes par rapport aux
autres, et sur l’orientation du corps dans l’espace) et viscéraux, ou
intéroceptifs (dérivant d’organes internes et généralement associés à la
douleur).”[1]
(Shusterman, 2010: 17)
Por
su parte, señala Bunge, “todos los organismos están
sometidos a dos tipos de control: el interno y el ambiental, o autorregulación
y regulación externa.” p. 135 ¿Qué cabe esperar entonces? Obviamente no estamos
aislados, de ahí que toda “información”, que llegue externa o internamente esté
relacionada con esta autorregulación. Lo que implica procesos sumamente
complejos respecto de aquellas consecuencias de las que podamos ser conscientes[2]. De ahí que no sea tan
simple, desde el punto de vista biopsicológico, lanzar una exclamación tal como
¡qué belleza!. Y menos aún que sea universalmente válida.
Estética y sistemismo
¿Acaso pretendo destruir la habitual concepción de la Estética?
Entiendo que no. “Lo que importa, señala Bunge, no es destruir la tradición,
sino promover su evolución” (Bunge, 2002: 71).
Es verdad que mi propuesta somatoestética tiene que ver con un enfoque
biopsicológico, científico. Pero no se puede borrar la historia de la Estética
desde el punto de vista cultural. Eso sí, ¡quede claro que la ciencia es parte
de nuestra cultura! Por cultura me estoy refiriendo aquí a un enfoque desde
las, digamos, ciencias sociales: la historia, la filosofía, la economía, la
política. Cuanto ha sido escrito sobre la Estética como rama de la filosofía es
parte de nuestra cultura; tanto como de su historia, de su relación con las
artes, la economía, la política. Esto corresponde al sistemismo (o al
“sociosistemismo respecto de la sociedad, dado que sostiene que ésta es un
sistema compuesto por subsistemas (la economía, la cultura, la organización
política, etc.) y que tiene propiedades (tales como la estratificación y la estabilidad
política) que no posee ningún individuo” Bunge 326. Porque estas relaciones hay
que considerarlas, ¡y muy seriamente! (valga el imperativo). Así, “en lugar de
descartar por completo nuestro legado filosófico, debemos enriquecerlo.” Bunge
p. 326 Pasemos a otro tipo de
consideraciones más relacionadas con el título de este artículo.
Artístico en lugar de estético
Estamos muy acostumbrados a aplicar el adjetivo “estético/a” a
aquello que consideramos bello. Vale decir: creemos que lo estético tiene que
ver con la belleza y también con una calificación positiva de alguna cosa.
Hasta afirmamos que algo puede ser estéticamente feo, o mejor, que puede ser
estéticamente bello o feo. Podemos buscar justificaciones para tan alocados
juicios (volver a la cita de Umberto Eco). Y por cierto podemos discutir
acaloradamente con quienes se opongan a esos, nuestros implacables juicios.
Intolerancia.
Si tomáramos en cuenta cuanto se dijo sobre somatoestética nos
daríamos cuenta que aplicar estético [Bp, biopsicológico] en lugar de artístico
([C], cultural) debe analizarse cuidadosamente a qué nos referimos. No son lo
mismo los procesos orgánicos que los juicios culturales, por cierto. Y sin
embargo no nos cuidamos de su diferencia. Hasta volvería a los griegos para
distinguir techne (τέχνη) de aisthesis (y del latín ars). Algunos ejemplos
tomados casi al azar pueden servir al respecto: el “llamado movimiento
estético” (Gombrich, 1995: 533); “El utilitarismo estético” Hauser, 612; el “quietismo
estético” (Id. 593): “forma estética autónoma” (id. 66); “la educación
estética” (id. 447) y aquí plantearía la duda entre educación artística y/o
estética: ¿a qué se aludiría en un caso y en otro?; etc. etc. Afirmaría, pues,
que todo cuanto se relaciona con los sentidos [Bp] es estético, sea o no
artístico.
Con el debido respeto por la enorme obra de Enrique Dussel
tomaré un texto de su autoría para reflexionar sobre él y señalaré las
diferencias pertinentes que ayudarían a explicitar mejor, quizá, mi propuesta.
El texto en cuestión es Siete hipótesis para una “Estética de la liberación”.
No podré extenderme en la totalidad de este texto tanto por razones de espacio
cuanto de contenido. Esto último precisamente relacionado con “estética” y
“liberación”. Esto requiere un análisis exhaustivo que, estimo, consideraré en
un próximo trabajo. Pero quede claro que no se trata aquí de un simple juego de
reemplazar “estético/a” por “artístico/a”.
Ante todo debo señalar algunas coincidencias en cuanto a
estética. Coincidimos en el punto de partida, la aisthesis, en tanto
“apertura de la subjetividad humana ante las cosas reales que nos rodean”,
“apertura estética al mundo y a las cosas”, pero, en mi caso, sin que tenga que
ver con lo bello o la Belleza. Asimismo me parece plausible la distinción entre
siguiente la afirmación: “los diversos aspectos de la estética física o natural
(forma, color, sonido, olor, etc.) se desarrollan en una estética cultural”, y
no así que parta “de la propiedad física subsumida como bella en el mundo”, que
“la despliega constituyendo un fenómeno humano donde la belleza alcanza nuevos
modos de su manifestación.” La objeción sobre la belleza ya la consideré, pero
por razones de espacio dejaré estas consideraciones para otro trabajo en
preparación.
Tomaré ahora algunos ejemplos allí donde se menciona “estética”
(o estética/o) y caben mis puntos de vista. Unos pocos serán suficientes para
mi propósito actual. En primer lugar donde se afirma que en la “totalidad
cultural la estética juega un papel fundamental.” Si bien tenemos un amplio
desarrollo en cuanto a la relación de la estética y las artes (y la Belleza),
sin negarla, es precisamente aquí donde hay que establecer la especificidad del
campo somatoestético, no ya de aquel de la estética tradicional.
Entonces, por un lado este nuevo campo y, por otro, el punto de vista cultural
relacionado con las distintas artes y concepciones culturales de las distintas
nociones de belleza (las bellezas, por mejor decir).
Respecto de intención estética (aisthesis, para Dussel),
desde el punto de vista de la somatoestética se debe considerar ésta última, en
parte como no intencionada. Vale decir la necesidad de tomar en cuenta
todos esos procesos no conscientes que se desencadenan más allá de aquellos
estímulos de los que sí tenemos consciencia.
En algunos casos cabrá aplicar “somatoestético/a”, también como
adjetivo y tal como se aplica “estético/a”, aunque no en el mismo sentido.
Por fin, de lo que se trata es de “liberar” a la estética (en
rigor, a la somatoestética) de su estrecha relación con las artes, relación
que, como se ha señalado, se establece en el subsistema cultural, y
eventualmente seguirá manteniéndose de acuerdo con el tradicional uso de estético/a
consagrado por el uso y por su alusión a lo “bello”.
Un breve elenco de reemplazos sería al siguiente: Allí donde se
menciona “obra estética” → obra artística (obra de arte); “colonialidad estética” → colonialidad artística; “campo estético” → campo artístico;
“cultura estética” → cultura artística. Basten estos ejemplos para resumir.
Dejo al lector la tarea de otros reemplazos en el texto citado de Dussel.
Para no perder el rumbo: hacia una somatoestética y la
liberación
La reflexiones anteriores no atendieron a meros juegos
lingüísticos: artístico/a en lugar de estético/a, usos que relacionan la
estética con valores culturales sometidos a los constantes cambios y a su
relatividad. Aquí presento un breve anticipo que abre el tema futuro. La
somatoestética, como vengo señalando, se relaciona con el subsistema Cultural
[C] o, desde un punto de vista sistémico, cómo se podrá considerar esa relación
en cuanto exploración y tarea para la investigación. Se apunta a un campo de
investigación de complejos procesos en los que lo investigativo se antepone a
cualquier juicio valorativo. Si es bello o no, si es bueno o malo, etc., etc.
está lejos de ser un requisito de ineludible valoración. Se trata de procesos,
un objeto de estudio. Pero, y esto importa para lo que se viene mencionando
como “estética de la liberación”, ya no será un estudio sobre la naturaleza,
las obras de artes (o culturales), sino los procesos que tienen que ver con
seres humanos más allá de cualquier raza, cultura, convicción política. En
definitiva esas consideraciones acerca de aquellos otros subsistemas, aun
cuando, insisto, sus relaciones pueden ser de sumo interés.
Entonces, no se trata ya de una “liberación” de una cultura que
somete a dependencia a una u otras, sino una liberación en tanto esos procesos
somatoestéticos son compartidos por los seres humanos. Y aquí puede postularse
una universalidad[3]
que, por lo menos, desde el punto de vista de la liberación, nos permite
avanzar más allá de liberar a una cultura de la colonialidad en la que pudiera
encontrarse sumergida. Y esto, subrayo, no es una abstracción, sino la
concreción de un humanismo, humanitario[4], finalidad última a la que
apelo, por lo menos hasta donde alcanza mi limitada capacidad de comprensión.
Imagen: Fernando Botero:
La dama reclinada
Foto Diario La Capital (MdP)
Bibliografía
Bunge, Mario; Ardila,
Rubén (2002) Filosofía de la psicología. México, Siglo XXI Editores, S.
A.
Dussel, Enrique (2020)
Siete hipótesis para una “Estética de la
liberación”. Madrid,
Ed. Trotta.
Fabiani, Nicolás Luis ()
Gombrich, E. (1995) Historia del Arte. México, Ed.
Diana.
Hauser, A. () Historia social de la literatura y el
arte.
Hegel, G. (1989) Lecciones sobre la estética, Madrid, Ed.
Akal
Shusterman. Richard (2010) Conscience soma-esthétique,
perception proprioceptive et action.
https://www.academia.edu/34773683/Conscience_soma_esthétique_perception_proprioceptive_et_action
[1] Los sentidos somaestésicos son generalmente
divididos en exteroceptivos (relacionados con estímulos exteriores al cuerpo y
que se experimentan sobre la piel), propioceptivos (que provienen del interior
del cuerpo y que se vinculan con la orientación de las partes del cuerpo
relacionadas unas con otras y con la
orientación del cuerpo en el espacio) y viscerales o interoceptivos (que
derivan de los órganos internos y generalmente se asocian con el dolor). La
traducción me pertenece.
[2] Cabría pensar también la distinción
reacción/respuesta, así como también atracción/repulsión.
[3] Universalidad que no significa que dado un
determinado, estímulo la respuesta será la misma en cualquier ser humano.
[4] La coma entre humanismo y humanitario
quiere establecer una pausa significativa: humanismo sí, pero humanitario.
*****
25 enero 2026
El problema Ético en lo profundo del ser humano
Enrique Dussel: ÉTICA
DE LA LIBERACIÓN
ÉTICA DE LA LIBERACIÓN DicPC Diccionario de Pensamiento Contemporáneo.
https://docer.com.ar/doc/10sn81
La Ética de la Liberación tiene
como peculiaridad asumir los grandes temas tratados por las éticas filosóficas
desde la perspectiva de las víctimas de la
historia, considerando el proceso de
globalización a finales del siglo XX. Nacida en la década de los 60 en América
Latina, intenta integrar en el presente los diversos procesos de dominación,
situándolos dentro de una perspectiva mundial. Para ello debe: 1) reconstruir
los fundamentos filosóficos de la ética; 2) definir claramente su especificidad
crítica; 3) argumentar en referencia a sus oponentes estructurales; y 4)
precisar las orientaciones básicas en los variados
frentes de liberación.
I. RECONSTRUCCIÓN DE LOS
FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA.
Los llamados fundamentos de la /ética deben situarse al
menos en tres niveles. a) En primer lugar, el momento material de la ética. Los defensores más
relevantes de una ética material son, entre otros, la filosofía griega
eudemonista, el pensamiento medieval con el concepto de beatitudo, que se continuó con variantes
en el racionalismo moderno, y, más recientemente, los utilitaristas, las éticas
de los valores, y actualmente los comunitaristas. La ética anterior a la
/Modernidad se fundamentaba exclusivamente en los contenidos
teleológicos y eudemonistas —desde una comprensión
del contenido de la /felicidad propio de cada cultura, sea la griega, cristiana
o musulmana—. La objeción de las morales formales contra estas éticas consiste
en indicar que todo contenido material es siempre definido de manera
particular, por tratarse de impulsos egoístas, regidos por motivaciones
corporales particulares, y los /valores (con pretensión de universalidad) no
pueden sobrepasar el horizonte de una cultura. La /Ética de la Liberación, sin
embargo, necesita una ética
material, porque como su punto de partida
crítico son las víctimas, que sufren en su corporalidad el dolor y la
infelicidad, necesitan partir del contenido de la ética. Para ello propone un
principio material universal: la obligación ética de reproducir y desarrollar la vida del
/sujeto humano, dentro de una comunidad de vida presupuesta, con pretensión de
abarcar a toda la humanidad. Su criterio de
/verdad es la vida y la muerte. Este
principio mide la eticidad de toda norma, acción, institución o sistema de
eticidad posible, y es internamente en cada cultura un principio universal que
puede juzgar a la misma cultura, y permitir, además, un diálogo intercultural
de contenidos. b) En segundo lugar, el momento formal
de la moral. Los que propugnan una moral
procedimental, tales como I. Kant, desde el liberalismo de J. Rawls, a partir
del pragmatismo de Peirce, K. O. Apel, J. Habermas o A. Cortina, y muchos
otros, escépticos de las éticas materiales, propugnan la universalidad de una
razón discursiva como obligación moral en argumentar hasta alcanzar validez intersubjetiva por el acuerdo
de todos los participantes afectados acerca de lo que debe obrarse (la norma de
la acción). Su criterio de validez es la intersubjetividad simétrica. La Etica de la Liberación
subsume este principio formal de consensualidad, pero lo adopta como el
procedimiento moral para aplicar los contenidos del momento ya indicado de la
ética material. La norma, acción, institución o sistema que permite reproducir
y/o desarrollar la /vida de los sujetos debe acordarse con validez
intersubjetiva por simétrica participación de todos los afectados. c) En tercer
lugar, el momento de factibilidad de la ética. Ante la no-factibilidad de los fines imposibles del
/anarquismo, deben tomarse muy en cuenta las circunstancias naturales,
científicas e históricas de todo tipo en la efectuación de una acción futura.
Lo acordado válidamente acerca del contenido que permite la vida, debe ahora ser factible
—con factibilidad técnica, económica, política, como
lo propone F. Hinkelammert—. La factibilidad medio-fin de la razón
instrumental-estratégica debe supeditarse, en la determinación de las
mediaciones, a los principios material ético (mediaciones de la vida del sujeto
humano) y formal moral (consenso de los afectados en simetría). Su criterio de factibilidad es la eficiencia, pero desde exigencias éticas. Sólo en este caso
la realización de la norma, acción, institución o sistema lo constituyen como bueno: como factible mediación de la
vida acordada libremente por sus afectados. Con ello habríamos reconstruido los
fundamentos de una Etica de la Liberación.
II. DEFINICIÓN DE LA
ESPECIFICIDAD CRÍTICA.
Pero la Etica de la Liberación
es una ética crítica que parte de las víctimas de la historia. Por ello,
nuevamente, deberá situar su especificidad ante otras éticas críticas. a) En
primer lugar, se trata del nivel crítico
material de la ética. Hay diversas
éticas críticas, tales como la del pensamiento económico de Marx en El capital 1; la de la Teoría crítica, desde la materialidad negativa
de la primera Escuela de Frankfurt —incluyendo a Horkheimer, Adorno, Marcuse o
Benjamin—; la de las críticas desde las pulsiones contra el orden ético
represor establecido 2; o la crítica ética de la Totalidad por parte de E.
Lévinas. La Etica de la Liberación, como en los casos anteriores, las subsume
en muchos aspectos, pero situándolas de manera definida dentro de una arquitectónica
diferente. La razón ético-crítica inicia su ejercicio desde las víctimas, desde
el dolor de su corporalidad (materialidad del contenido) y de la negación de su
dignidad (del no reconocimiento formal de ser sujetos iguales, con libertad
como potenciales participantes en la comunidad de la argumentación consensual),
y descubre la negatividad de la
imposibilidad de vivir, de cumplir las
necesidades y los instintos de vida correspondientes (pulsiones), y de participar en dicha comunidad
(por estar excluidos asimétricamente), en la no-factibilidad de la realización
de dichas mediaciones necesarias ético-morales. Se trata del momento crítico
por excelencia, en el que, desde las negatividades indicadas, y por la
afirmación de la vida y de la subjetividad del Otro, distinto del sistema
dominante, se critica negativamente la norma, acto, institución o sistema que
es responsable de tal victimación. b) En segundo lugar, se trata del nivel
crítico formal de la moral. La misma víctima que ha tomado la conciencia ética
crítico-negativa, interpela a expertos, científicos, filósofos, etc., a la
co-solidaridad co-responsable. Surge así una comunidad crítica de comunicación
de las mismas víctimas (tema tratado por P. Freire en la Pedagogía del oprimido) y de
«intelectuales orgánicos» (diría Gramsci). La verdad
práctica de la norma, acción,
institución o sistema es puesta en cuestión; es falsada. Lo mismo acontece con
su legitimidad, su validez. La comunidad crítica de comunicación parte así de la simetría de
las víctimas, antes asimétricamente excluidas. Ellos abren nuevos paradigmas,
nuevas dimensiones de acceso a la realidad (verdad
crítica) y alcanzan validez antihegemónica, que
rechaza la antigua validez, ahora para ellos como no legítima (es la conciencia
de los nuevos derechos humanos). Cuando el antiguo orden de eticidad cumple
acciones de coerción legítima, es experimentada por los movimientos sociales
(sujetos sociales que surgen y desaparecen según las coyunturas históricas; es
decir, estas comunidades antihegemónicas) como represión ilegítima. Ha habido
una transformación histórica de los contenidos (veritativos) válidos
(intersubjetividad crítica). Efectúan así una crítica del pasado, de la norma,
acción, institución o sistemas vigentes, encontrando el origen del sufrimiento
o negatividad de las víctimas. Es una tarea analítica (de expertos,
científicos, filósofos, etc). Este es el aspecto crítico negativo. El crítico
positivo, desde el Principio /Esperanza de un Bloch, consiste en bosquejar los criterios materiales,
formales y de factibilidad concretos éticos-morales de las alternativas futuras
que permitan a las víctimas vivir en dignidad: son los proyectos discernidos
por las comunidades críticas de comunicación. c) En tercer lugar, se trata del
nivel crítico de la factibilidad de la ética, y ahora, y sólo ahora, debemos ocuparnos de la praxis
de liberación. En efecto, la praxis de
liberación de los sujetos históricos (las
víctimas y sus co-solidarios), individuos, comunidades o movimientos, es una
actividad encaminada a la efectiva transformación
de la norma, acción o institución (como ética de la
vida cotidiana) o de sistemas de eticidad (como ética más radical, y en escasos
momentos en la historia de la humanidad como ética revolucionaria) en vista de
que la vida y la dignidad participativa de las víctimas pueda ser factiblemente
llevada a cabo en simetría. La praxis de liberación debe ahora enfrentarse a
otros oponentes: al conservador reformista que efectúa modificaciones para que
el sistema quede igual. Además, no cree posibles ni convenientes las
transformaciones que la praxis de la liberación propone, desde el criterio de
la posibilidad de la vida y dignidad de las víctimas. Negativamente, la praxis
de liberación debe deconstruir las normas, actos o instituciones (y muy
excepcionalmente sistemas enteros de eticidad) que son el origen del
sufrimiento o negatividad de las víctimas. Estos actos producen resistencia
contra la coerción que se ha tornado ilegítima, y no pueden llamarse violentos
—sino ejercicio de la coerción legítima en nombre de nuevos derechos, ante la represión
o coerción ilegítima del Estado de
derecho antiguo—. Positivamente, es construcción
de la norma, acto o institución (sólo en las revoluciones
un sistema de eticidad
completo) que permitan a las víctimas reproducir y desarrollar sus vidas como
plenos participantes simétricos en la toma de decisiones consensuales
factibles. Estos seis momentos indican el proceso abstracto de la praxis según
la Etica de la Liberación.
III. FUNDAMENTACIÓN DE
LA ÉTICA DE LA LIBERACIÓN.
Fundamentar racionalmente esta
Etica indica el procedimiento por el que se dan razones para poder afirmar sus
principios. Contra el mono-principismo de casi todas las éticas (cada una de
ellas propone un principio, que al fin siempre es necesario, pero no suficiente para
justificar toda acción posible como buena), la Etica de la Liberación propone al menos los seis principios
indicados, y deja abierta la lista para muchos otros. Cada principio se
fundamenta (se argumenta) contra opositores diversos. Así,por ejemplo, el
principio moral de la Etica del Discurso se fundamenta ante el escéptico.
Veamos, como ejemplo, los seis principios, con sus tipos de racionalidad y sus
oponentes. a) En primer lugar, en el nivel de la ética material se ejerce una razón ético-material, que
Hinkelammert denomina razón reproductiva, Lévinas razón
ética preoriginal, Zubiri inteligencia de
realidad, etc. Esta razón ético-material expresa enunciados de hecho («Los
alimentos son necesarios para la vida») de los que, mediante un argumento
conveniente, permite deducir una obligación ética (contra la llamada falacia naturalista, que aquí
estamos fallando), y por lo tanto un enunciado normativo: «El ser humano, por
ser viviente, debe ingerir alimentos». No es sólo un hecho, es un deber ético —lo
contrario sería suicidio—. Los enunciados normativos ligados a las necesidades
de la reproducción y desarrollo básicos de la vida del sujeto humano tienen
pretensión de verdad universal, valen para toda cultura (en cada una de ellas
tiene pretensión de validez y rectitud), orden de valores, y dicen relación a
pulsiones de vida y su cumplimiento fundamental. El que puede pretender refutar
este principio ético es el cínico, o el cinismo de los sabios ascetas
3, que justifica la muerte (o
algún tipo de muerte). Sin embargo, nadie puede justificar la negación de la
vida desde la pura muerte, sino que, al final, es por la vida o algún aspecto
de ella por lo que se pretende negarla. Se cae en una contradicción
performativa. b) De la misma manera, en segundo lugar, en el nivel de la moral
formal se ejerce una razón moral
discursiva, que se levanta contra el
paradigma de la conciencia, de la razón instrumental o meramente solipsista
lingüística. El oponente es el escéptico, al que se le demuestra que cae en
contradicción performativa, ya que no puede argumentar radicalmente contra toda
argumentación, o que al argumentar ya ha presupuesto pretensiones de validez
universales. c) Así también, en tercer lugar, en el nivel de la factibilidad se
ejerce una razón
instrumental-estratégica, que si se pretende única y
fundamental lleva a caer en la crítica que levantaron contra ella Horkheimer y
Adorno; pero que si se atiene a los principios ético y moral es perfectamente
subsumida en un acto racional mucho más complejo. El oponente al principio de
factibilidad ética u operabilidad es el anarquista, que cree factible lo
imposible, y que, por lo tanto, niega el principio de factibilidad ética,
porque niega la posibilidad ética de toda institución. Cae así en posiciones
extremas: o efectúa institucionalmente (el movimiento anarquista) la negación
absoluta de toda institución (la acción directa); o acepta que lo imposible es
posible («Si todos fuéramos sujetos éticamente perfectos las instituciones no serían
necesarias»); o afirma que toda institución siempre es perversa («Toda
institución, por disciplinar la acción hacia un fin, es represión éticamente
perversa»). En todos los casos se ha colocado más allá de la historia o ante la
imposibilidad de hacer historia. d) Por su parte, en cuarto lugar, en el nivel de la crítica-ética
se ejerce una razón ético-crítica,
cuyo principio (la obligación de
criticar el orden que produzca víctimas y en tanto las produce) es negado por
un nuevo oponente: el conservador, que cree que el sistema vigente es el mejor
posible. Un sistema de plausibilidad perfecta, que no necesitara crítica ni
acción alguna tendiente a su legitimación es imposible. Todo sistema histórico
y finito produce necesariamente víctimas (o sería el sistema perfecto, lo que
supondría, usando el argumento de Popper, una inteligencia infinita a velocidad
infinita y, además, y no lo dice Popper, una estructura instintivo-pulsional
igualmente perfecta, con lo cual no sería libre, porque desearía sólo lo más
perfecto necesariamente). El conservador a lo P. Berger se contradice
performativamente al intentar argumentar contra toda crítica ética posible del
sistema vigente. e)
En quinto lugar, en el nivel de
la moral crítica se ejerce una razón
crítico-moral, que obliga por su principio a
colaborar racional y argumentativamente con las víctimas contra la validez
hegemónica, dominante o represora; el oponente es el dogmático (del sistema o
la vanguardia) que opina que la comunidad, el sistema o el movimiento al que
pertenece (por ejemplo, el Partido bolchevique de Lenin como criterio de verdad, que
ahora llamaríamos vanguardismo dogmático) está en la verdad y es el único válido. El dogmatismo se contradice
performativamente porque ninguna verdad o
validez puede ser absoluta, perfecta,
no-falsable por definición. Sería la verdad o la validez absoluta (y, de nuevo,
se necesitaría una inteligencia perfecta a velocidad infinita para alcanzar de
una vez para siempre la identidad de la Realidad y el Pensar, como en Hegel);
pero esto es imposible para la humanidad. Luego toda verdad —en cuanto el acceso a la
realidad es histórica—, y toda validez — en cuanto la intersubjetividad se desarrolla igualmente en la
historia— no sólo puede, sino debe ser falsable en el desarrollo de la
historia. Luego, las nuevas verdades y el logro de nueva validez antihegemónica
se levanta sobre la ceniza de las antiguas verdades y consensualidades
hegemónicas. f) Por último, en sexto lugar, en el nivel de la factibilidad
crítica se ejerce una razón
liberadora, último momento de la
racionalidad (que subsume todos los anteriores momentos prácticos y teóricos de
la razón), y que se ocupa de la construcción efectiva y real de la eticidad
creadora, nueva, que estructura un mundo habitable para las antiguas víctimas.
El oponente al principio-liberación (que obliga a la comunidad crítica a
realizar la alternativa factible que ha decidido consensualmente) es el
conservador antiutópico, que cree que la alternativa posible (la utopía
realizable) de las víctimas es el mal absoluto (a lo Popper en los Enemigos de la sociedad abierta, que en realidad es la ciudad
cerrada, vigente y dominadora). Para el
conservador no es posible desde el sistema lo que es
posible para la víctima desde su
consensualmente estudiada alternativa factible. Pero el conservador antiutópico
se contradice, porque no puede declararse perversa o peligrosa una alternativa
antes de haber estudiado su factibilidad, y sin embargo la utopía de las
víctimas es declarada a priori perversa, con el argumento de que una anticipación perfecta es
imposible. Pero la utopía factible de las víctimas no pretende ser una
anticipación perfecta, sino finita, posible, y el argumento antiutópico de Popper no demuestra la imposibilidad
de la alternativa anticipativa aproximativa (y no perfecta). Es toda la crítica de la razón utópica.
IV. ORIENTACIONES EN
ALGUNOS «FRENTES» DE LIBERACIÓN.
M. Walzer escribe una obra
sobre las Esferas de justicia. En un sentido análogo hablaremos de frentes
—en lugar de esferas,
porque es una lucha
por el reconocimiento— de /liberación. No se trata de
una justicia dada, sino de una justicia por operarse en el futuro con respecto
a las víctimas del presente. Indicaremos, a manera de ejemplo, algunos de estos
frentes, para indicar el tipo de orientaciones generales, abstractas, fundamentales que debe problematizar una
Ética de la Liberación. En cada uno de ellos se deberán aplicar todos los principios y
distinciones que hemos analizado con anterioridad. En el frente ecológico, la vida
en la tierra ha sido puesta en peligro de irreversible extinción. La humanidad
va llegando al consenso de que la situación debe solucionarse. Es en la
factibilidad cuando las alternativas son difíciles de adoptar. El sistema
capitalista vigente (que tiende a la valorización del valor, al aumento de
ganancia) no puede, desde sus supuestos, tomar las medidas necesarias para
retornar a un equilibrio ecológico. Se trata entonces de alcanzar una
conciencia crítica más radical, considerando a las víctimas: toda la humanidad
en algún nivel, en especial los más pobres y del /Sur, y de manera trágica las
generaciones futuras que recibirán una tierra en vías de extinción de la vida.
Es necesario tomar medidas con validez colectiva, desde la conciencia ética
masiva, para que las fábricas, los gobiernos, los usuarios, transformen
radicalmente su modalidad de producir, gobernar y consumir. Los movimientos ecologistas deberán
organizar una praxis de liberación ecológica, individual, generacional y
política, que se enfrente efectivamente a los poderes establecidos (económico,
político, cultural, religioso) para deconstruir lo que origina esta situación,
y para crear nuevas condiciones efectivas. En el frente
mundial, desde el comienzo del
despliegue del sistema-mundo, y por la aparición de un mundo colonial, hoy simplemente del
capitalismo periférico, la vida es puesta en cuestión por el empobrecimiento en
la mayoría de la humanidad, en especial en el Sur (el llamado Tercer Mundo). Es
necesario crear consenso en cuanto a la necesidad de no transferir más riqueza
del Sur hacia el Norte, por un sistema de explotación (militar, económico,
político, etc.) que expropia vida del Sur para organizar la abundancia en el
Norte. La factibilidad de esta redistribución de las estructuras productivas,
de circulación, de servicios, y de consumo, se encuentra ligada al poder
militar del Norte, que defiende sus privilegios por la violencia (desde la conquista de América Latina a finales del siglo XV). La liberación de la periferia es un
movimiento ético que involucra a los «condenados de la Tierra» —como escribía
E. Fanon—. En el frente de la
producción, y después del derrumbe del
/socialismo en la Europa del Este (no así en China, Vietnam, Cuba, etc.), el
capital, en su etapa de globalización trasnacional, impone condiciones de
explotación a capitales más débiles (por la competencia), y en especial por un
neoliberalismo que pone en riesgo nuevamente la vida de la humanidad. Se da una
continua quiebra de empresas y el engrosamiento de la marginalidad por el
desempleo estructural creciente, grande en el Centro y mayoritario en la
Periferia. Además, y a fin de compensar pérdidas, la fabricación de armas se
transforma en una producción lucrativa, pero que pone en riesgo la vida en una
doble dimensión: por ser producción capitalista y por fabricar instrumentos de
muerte. La liberación del sistema actual, que será gradual o rápido en el
futuro, deberá hacer posible la vida sobre la tierra para todos, y no sólo para
los propietarios de los capitales más desarrollados. En el frente propiamente económico, el capital explota al trabajo
obteniendo plusvalor. Nace así una clase obrera, mejor remunerada en el Centro,
peor en la Periferia, pero que comienza a sufrir la presión creciente del
desempleo. Masas marginales atemorizan a los que son explotados, pero tienen un
salario —que de todas maneras pierde cada vez más su valor—. La liberación de
las clases asalariadas, por la transformación del sistema económico que se ha
impuesto mundialmente después de cinco siglos, exige extrema creatividad,
también para poder imaginar un sistema donde las masas de desempleados
excluidos vuelvan a ser sujetos productivos. En el frente
político la consensualidad democrática
es puesta en cuestión continuamente por el ejercicio despótico y cada vez más
corrompido de unos pocos (oligarquías) y la exclusión de las mayorías afectadas
en la participación de las decisiones que tienen que ver sobre sus vidas. La
liberación supone la organización de partidos políticos críticos que sepan
formular el origen de tantas injusticias en el sistema vigente, que sepan,
desde el poder, deconstruir esas estructuras, para realizar las exigidas por la
negatividad de las víctimas. En el frente social los movimientos populares deben defender la reproducción honorable
de sus vidas, por medio de organismos críticos (sindicatos en los sectores
productivos, grupos vecinales, de consumidores, de productores pequeños, etc.)
que, como comunidades de presión y práctica realizativa, no sólo creen conciencia,
analicen los aspectos negativos en cada nivel y generen alternativas, sino
tengan la capacidad de realizarlas. En el frente
del género, los movimientos feministas han
desafiado el patriarcalismo machista. Será necesario igualmente reformular la
masculinidad para generar una nueva pareja, una nueva familia, donde la
dominación sexual sea transformada por una relación cumplida, no reprimida o
patológica, donde el principio del placer sea manejado, sin evitar su necesaria
tensión, en relación al principio de realidad. La liberación de la libido es un
momento central de las alternativas necesarias para la constitución de una
subjetividad humana responsable y creativa.
De la misma manera deberíamos
referirnos a frentes tales como: el de los desequilibrios psíquicos, producto de la
sociedad en la que vivimos (los alcohólicos, los drogadictos, las enfermedades
mentales, sociales, etc.); el de las culturas y etnias dominadas, que buscan la
promoción de su identidad; el de la liberación pedagógica de los pueblos negados;
el de la primera edad, de las generaciones jóvenes y la defensa de la niñez, ya que
sufren injustamente el fracaso de las generaciones anteriores; el de la tercera edad, los ancianos declarados
descartables por la sociedad productivista de consumo; el de la discriminación
racial, de las razas no-europeas, humilladas y explotadas por el solo color de
su piel; el de los emigrantes empobrecidos, perseguidos por guerras o
nacionalismos que, como indefensos inmigrantes, pareciera que puede hacerse
sádicamente con ellos lo que se desea; el de las religiones que caen en
fanatismos violentos, en vez de explotar los aspectos liberadores,
especialmente las grandes creencias universales.
NOTAS: 1 Véase El capital es una ética (c. 10 de mi obra El último
Marx, Siglo XXI, México 1985). — 2 Desde la tradición inaugurada por Schopenhauer con su Voluntad de vivir, modificada
por Nietzsche como Voluntad de Poder desde el horizonte del Eterno retorno de lo Mismo, pasando por
Sigmund Freud, como crítica de las pulsiones desde el Inconsciente (Es) al Super-yo
(con los principios de realidad y de muerte como
superación del principio del placer), hasta llegar, por ejemplo, a M. Foucault
(que desde la corporalidad critica una ética hipócrita de la exclusión). —3 Como cuando Schopenhauer enseña
que hay que superar la «Voluntad de vivir», que es por su principium individuationis el origen del sufrimiento. Es necesario una autonegación del instinto de vida para no
temer y ni siquiera temer el morir; más necesario es un ser-parala-muerte, ya que
el morir es el verdadero nacer (enunciado explícitamente por Heráclito,
Sócrates, Buda, y tantos otros sabios).
BIBL.: AMIN S., El
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de Guadalajara, Guadalajara 1993; FANON F., Los
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E. Dussel








