Filosofía y estética
Nicolás Luis Fabiani
Nota:
el
presente texto ha sido confrontado con el artículo original y el de
su publicación. Se presenta aquí con las debidas correcciones
realizadas en base al original. Los
números entre corchetes corresponden a las páginas de la
publicación.
Referencia
bibliográfica de este artículo:
Fabiani,
Nicolás Luis (2026) Somatoestética: propuesta para nueva
disciplina. En: Gabriella Bianco (Coordinación) En
Diálogo, pp.
283-290.
Mar del Plata, Editorial Martin. ISBN: 978-987-543-265-9.
Somatoestética:
propuesta para nueva disciplina
Mi
relación con la Estética se concreta en 1993. A partir de cuándo
se me nombra a cargo de la cátedra de esa disciplina, para la recién
organizada carrera de Filosofía (Fac. de Humanidades, UNMdP).
Prontamente tuve que ponerme a la altura de semejante
responsabilidad. Me aventuré en temas tradicionales sobre la
estética: su historia, los filósofos que habían considerado que su
sistema no estaba completo sin una reflexión sobre esa disciplina,
aquellos que creían pertinente reflexionar sobre las artes y quienes
pretendían indagar acerca d e lo bello y la belleza, su esencia.
Pronto
comprendí que esas largas especulaciones llegaban a culminar en: “Lo
bello es…” o, peor aún, concluir que, “sobre gustos no hay
nada escrito”. Kant y Hegel fueron hitos culminantes en mis
lecturas y en mis clases. Y también un callejón sin salida. Umberto
Eco señaló: “Este libro parte del principio de que la belleza
nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando
distintos rostros según la época histórica y el país…”
¿Relativismo? Eco no duda: “se nos podrá acusar de relativismo,
como si quisiéramos decir que la consideración de bello depende de
la época y de las culturas. Y esto es exactamente lo que pretendemos
decir.” (Eco: 2004, 14)
Por
fin un día me encontré con el concepto de aisthesis. Todo partió
de la distinción, que estableció el filósofo italiano Luigi
Pareyson, entre estética y poéticas. Respecto de la estética, esta
distinción me llevó a recuperar la palabra aisthesis, que proponía
el filósofo alemán Alexander G. Baumgarten. El concepto aparece en
su tesis doctoral Meditationes
de nonnullis ad Poema pertinentibus
(1735) (traducido al español como Reflexiones
filosóficas acerca de la poesía);
retomado entre 1750 y 1758, fecha en que publicó su Aesthetica,
en dos volúmenes.
Por
cierto no era mi intención sostener, como propone el autor, la
gnoseología, como integrada por dos partes: la estética, o
gnoseología inferior, a la que le corresponde lo sensible como su
esfera, y la lógica, o gnoseología superior, cuyo campo lo
constituye el conocimiento intelectual. Pero sí me proponía
recuperar la atención al aporte de nuestros sentidos y a las
percepciones. Así, la aisthesis
ocupó buena parte de mis reflexiones al tiempo que, relacionado con
un enfoque sistémico, comencé a centrar mi atención en el campo de
lo biológico [B] (suelo poner entre corchetes estos “subsistemas”)
[p.
284]
y
de lo cultural [C]. Este último dedicado precisamente a lo que
Pareyson había distinguido como poéticas.
Un
paso más adelante fue mi encuentro con la neuroestética. Casi fue
un lugar común otorgar el título de iniciador de esas, por
entonces, nuevas orientaciones a Semir Zeki, en la década del ’80.
Ahora bien, como señalé en más de una oportunidad, bien vale
consignarlo a modo de provisional balance del camino que he
recorrido. Me interesé por la biología, un enfoque “macro”,
diría. Más tarde observé como todo empezó a teñirse de neuro:
neurología, neuromarketing, neuroestética, etc. “La era del neuro
todo”, como titula Guillermo Nogueira, en dos volúmenes, esta
invasión neuro.
Fue
un llamado de atención. Porque, tiempo atrás había pensado que el
cerebro no es todo. Hay otros órganos en nuestra constitución. No
hay una neurona que me anuncie “esto es bello” (y dudo que otras
personas la tengan). Mi experiencia me decía que debía contar con
todo mi cuerpo. Cierto día, en mi infancia, me llevaron a escuchar
una banda de música. Estuve ubicado al lado de un impresionante
bombo (para mi pequeña estatura). Cada vez que intervenía en algún
pasaje de la obra no sólo escuchaban mis oídos; mi pecho vibraba,
mi cuerpo todo recibía aquellos mazazos sobre el parche.
Mucho
más tarde -una simpleza, pensé- si me atacaba un dolor de muelas en
pleno concierto, la solución era un dentista, más allá de esos
bellos sonidos. Quiero decir que si un dolor o molestia súbita me
atacaba, eso me impediría disfrutar de ese concierto. Tan simple
como eso. ¿Acaso me dolía el cerebro? No por cierto. Así las
cosas, al mismo tiempo, también leía acerca de los sistemas
(Bertalanffy, Luhmann). Y así me encontré con obras de Mario Bunge,
filósofo, argentino, profesor en la Universidad
McGill, Canadá. “Toda cosa concreta es un sistema o forma parte de
un sistema”, afirma. Entonces, me dije, el sistema neural está en
relación con el sistema visual, el auditivo, el digestivo, etc.,
etc.
Más
recientemente concebí el concepto de “somatoestética” (y no
somos muchos, por lo que sé). “La somatoestética -escribí
recientemente- refiere al cuerpo humano, al organismo, un sistema
biopsicológico en el que se procesan estímulos y reacciones ante
ellos.” (Fabiani: 2025)
Distingamos.
Desde mi punto de vista lo bello, la belleza, pertenecen a la
reflexión cultural. Y como bien dice Umberto Eco, son conceptos
relativos. Porque hay culturas, en plural, y los consensos sobre esos
conceptos difieren hasta de persona a persona. Un escollo insalvable
si atendemos a una cierta y pretendida “universalidad”. Lo
estético, desde el punto de vista sistémico tendrá que ver, estará
en relación, con lo bio-psicológico, con la economía, con la
política y con la cultura.
Si
ustedes pensaban que la estética, lo estético, podría resolverse
con el “me gusta, no me gusta”, no digo que se equivocaran. Quizá
respondían solamente a su propia cultura, conocimientos, gustos.
Esto posibilita una breve [p.
285]
apertura
a esta complejidad que me preocupa.
Podría
comenzar afirmando que la somatoestética
va mucho más allá de la reflexión sobre las artes. En mis escritos
traté de separar la Estética, en tanto un espacio de la filosofía
referida al Arte, o, por mejor decir, a las artes, con minúscula y
en plural. A partir del concepto de aisthesis,
como señalé, un punto de referencia planteado por Baumgarten, a
mediados del siglo XVIII, he venido realizando sucesivos aportes con
consideraciones sobre las sensaciones, las percepciones. La Estética
liberada de la Filosofía, la neuroestética. Un enfoque sistémico
y, más cercanamente, la somatoestética, que no desecha en absoluto
el subsistema [C], cultural, el más tradicional. punto de vista
sistémico. Un camino recorrido del que dan cuenta mis trabajos
expuestos en congresos y publicaciones.
Por
cierto no es éste el lugar para desarrollar una teoría ni para
realizar o analizar experimentos. Sólo se trata de proponer algunos
interrogantes (nuevos o no tanto) a partir
de
enfoques no tan tradicionales, sin pretensión, aquí, de profundizar
en ellos. Escribía en una ponencia presentada recientemente.
(Fabiani: 2024) “El espectador procesa, no sólo reacciona.” Aquí
puede sumarse el oyente y, más aún, el ser humano en tanto atiende
a (o padece) su relación con el ambiente o con su propio soma
(cuerpo): procesa. Luego, se suceden sus conductas y las
consecuencias importan. Conductas, procesos, que se manifiestan
interna y externamente, aunque esto último, en ambos casos, la
mayoría de las veces, pase inadvertido, no
consciente
(no que estén en algún lugar denominado inconsciente).
Este
artículo propone la somatoestética como una posible nueva
disciplina. Un tema que, como dije, vengo abordando desde hace ya un
tiempo. Parece audaz, pero no es así. En lo que me concierne, no
creo que pueda proponer algo más que esbozar el camino. Hay mucho
por investigar en esta dirección.
La
somatoestética refiere, como digo, al cuerpo humano, al organismo,
un sistema biopsicológico en el que se procesan estímulos y
reacciones ante ellos. Dicha somatoestética se manifiesta, como
campo de estudio, en un sistema social, caracterizado por Mario
Bunge, por componentes biopsicológicos, culturales, económicos y
políticos. Este enfoque sistémico pretende apartarse de la
Estética, de las consideraciones sobre la Belleza, de la Filosofía
del Arte tal como fue planteada a lo largo de una historia por demás
difundida y conocida.
Esto
no significa desconocer todo aquello que venían tratando quienes se
ocupaban de la Estética, lo Bello, la Belleza, desde el subsistema
cultural, y aun de la neuroestética, algo propio del subsistema
biológico. Ambos, subsistemas que remiten a campos diferentes: el
cultural [C] y el biopsicológico [Bp.]. La somatoestética implica
una mayor complejidad más allá de los límites aceptados- para
distinguir actividades artísticas o para un enfoque [p.286]
basado únicamente en el cerebro (o el sistema nervioso). Su campo de
incumbencia es tan amplio que permite abarcar vastamente los procesos
perceptivos. Algo que implica un profundo campo de investigación que
aquí solamente se pretende avizorar. Una nueva disciplina (dicha
somatoestética) que estudiaría, desde una perspectiva
biopsicológica y sistémica (económica, política, cultural), cómo
superar los límites tradicionales de la estética y la filosofía
del arte. Un amplísimo campo inter y transdisciplinario que rehúye
las simplificaciones y el reduccionismo. Tómense como simple ejemplo
los interrogantes que surgen de la relación entre estos subsistemas:
entre el biopsicológico y el cultural; ambos y el económico (por
indicar alguno: la comercialización de los productos artísticos
(cualquiera de las artes pero, notablemente el cine y la televisión,
los videojuegos, la publicidad, el diseño industrial, etc.). Y,
evidentemente, los antedichos y el subsistema político (la política
cultural, la política económica, la política sanitaria vistas las
consecuencias de promoción de entretenimiento, la discriminación de
grupos sociales, etc.). Como dije antes, campos inter y
transdisciplinarios, puesto que la propuesta abarca mucho más que
los saberes individuales.
Biosistemas
Aquí
propongo algo un poco más restringido. Voy parafrasear e indagar un
poco más acerca de un trabajo publicado muy recientemente. Somos
biosistemas.
Dicho así, podemos ensayar un enfoque sistémico atendiendo a
aquello que refiere al organismo. Me refería entonces a lo
siguiente: a) “los organismos son quimio-sistemas auto-controlados
y semi-abiertos” (Bunge, Epistemologia:
102)
o “los
organismos son cosas y, más particularmente, sistemas concretos.”
(Bunge, Tratado
de filosofía,
Vol. 4: 2012, p.124); b) somos biosistemas, a la vez que formamos
parte de un sistema social que incluye los mencionados subsistemas
[E] económico, [P] político, [C] cultural.
Veamos
algunos de los problemas que suponen, o podría interesarnos explorar
considerando los siguientes interrogantes: ¿Influyen las
sensaciones, las percepciones, las emociones en nuestros organismos?
Obvio, diríamos, y problema resuelto. En realidad debemos analizar
el problema que esa pregunta propone. ¿Cuánto sabemos de las
sensaciones, las percepciones, las emociones? ¿se trata de un
problema directo causa- efecto? ¿Dados determinados estímulos (x)
la respuesta será (y)? Esto presupondría que una y todas las
personas, actores, espectadores, (seres humanos) responderían de la
misma manera (estímulo-respuesta).
Entonces
¿por qué -valga como ejemplo-, para algunos las películas de
terror son adictivas en tanto que otras personas las rechazan? Si
determinados estímulos influyen, ¿cómo?; ¿qué consecuencias se
desprenden de esa influencia? Las manifestaciones podrían ser
evidentes, ¿pero cuáles son [287]
los
complejos procesos que esas manifestaciones (consecuencias) podrían
poner al descubierto, cuáles sus consecuencias a corto y largo
plazo? Éstas son de la mayor importancia, estimo, tanto en el nivel
individual como social.
Si
las sensaciones, las percepciones, las emociones influyen, ¿qué
conocemos de los complejos procesos neurales, de su físicoquímica,
de sus mecanismos? ¿Qué de los pensamientos y las emociones que se
generan? Reitero, ¿cuáles son los procesos y las consecuencias,
próximas y lejanas, de esas influencias? ¿Cómo se comunican las
neuronas?
No
es fácil abordar un biosistema, más aun considerando todas las
disciplinas que encaran los estudios -correspondientes y, por
supuesto, no sólo la neurología. Entonces, como se planteó
anteriormente, ¿deberemos ser capaces de abarcar todas esas
disciplinas? Prácticamente sería imposible. Sí es posible tener en
cuenta esta complejidad para no caer en afirmaciones tan absolutas
como tradicionales: “lo bello es…”, “tal emoción es
provocada por…”, “el artista quiso expresar...”, etc., etc.,
y el uso de estético/a en su condición de adjetivo, para calificar
todo aquello considerado valioso, bello, o cualquier otro juicio.
¿Acaso tenemos claro cómo procesamos lo que procesamos?
Otra
cosa sería pretender que suspendamos todo juicio acerca de lo que
culturalmente consideramos Belleza, Bello, etc. Sobre todo si
pensamos en culturas, convenciones, consensos, marcos de referencia a
los que habitualmente recurrimos. Me permito insistir,
Se
trataría entonces de otro punto de vista, el cultural, otro
subsistema. Así, pues, insisto, de dos subsistemas distintos: el
biopsicológico y el cultural. El primero abordable desde la
somatoestética. El cultural, el de las artes por ejemplo, más
tradicionalmente abordado desde disciplinas tales como la Historia,
la Filosofía, la Sociología… Y los otros subsistemas.
Consecuencias
Se
advierte sobre la naturalización de ciertas respuestas especialmente
en temas como violencia estética y emociones negativas. Aquí se
critica la estética tradicional y su enfoque, tradicional en
términos de la belleza/fealdad, proponiendo en cambio un análisis
más amplio que incluya impactos psicosomáticos y sus relaciones
sistémicas.
Peligros.
En muchos casos, cosas que consideramos archisabidas. O, quizá peor,
como solemos decir, “naturalizadas”. Se trata más bien de apelar
a la responsabilidad ante los bio-sistemas que somos. Recientemente
publiqué artículos sobre violencia estética y los procesos
perceptivos desencadenados por agresiones de un amplio espectro:
visuales, auditivas, táctiles… O combinaciones de ellas, dado que
en muchas intervienen experiencias previas con las que se recombinan.
Actualmente
ampliaría lo antedicho con respecto a las emociones. Miedo [p.
287],
terror, tristeza, violencia… Desde el punto de vista de la
somatoestética es imprescindible considerarlas/los en cuanto al
riesgo de la afectación de las conductas a través de las más
diversas situaciones (agresiones verbales, físicas), las provocadas
por los espectáculos, las noticias periodísticas, etc..
Es
sabido que quienes conciben los distintos espectáculos (o también
“entretenimientos”) nos exponen (y nos exponemos) a sus
propuestas amables, divertidas, entretenidas, terroríficas,
violentas, y siempre un largo etc. Los sentidos alcanzados
(individual o conjuntamente), los espacios en que se desarrollan
dichos espectáculos, el tiempo que consumen y los ritmos que emplean
o proponen, indudablemente desencadenan procesos psicosomá- ticos
que no siempre acceden a nuestra consciencia. Demás estaría decir
que algunos han sido concebidos adrede para provocar dichos procesos,
lo cual constituye, si la intención es aviesa, un peligro cierto.
No
son una novedad estos planteos, pero sí lo es la propuesta
somatoestética; tanto desde el punto de vista biopsicológico como
el de su relación con los otros subsistemas. Lejos estamos de
conocer todos los procesos neurales (de ahí, más recientemente, el
surgimiento de la neuroestética; pero más cerca, quizá, de las
correspondencias somáticas). Y ni que decir, de desprendernos de una
Estética concebida como filosofía del arte, enrolada en
disquisiciones, reiteraciones interminables sobre qué es el Arte, la
Belleza, etc., o, peor aún, proponiendo Estética por Ética. O, por
otra parte, el uso común del adjetivo estético/a con carácter
valorativo (estético/antiestético).
Cabe
decir que podría reducirse el enfoque a dos puntas (y en la
reducción hay un cierto
peligro):
en primer lugar la investigación biopsicológica [Bp], sistémica
ella misma (biología y psicología, en relación); en segundo lugar,
el enfoque sistémico, las relaciones ya mencionadas entre los
subsistemas económico [E], político [P], cultural [C]. ¡Menuda
tarea!
A
modo de conclusión
Propongo,
para finalizar, breves menciones sobre dos autores: uno de ellos
“descubierto” recientemente -Richard Shusterman-, el otro
-Enrique Dussel-, frecuentado desde larga data.
El
primero de ellos aún en proceso de ahondar en su conocimiento. Ante
todo señalaría una diferencia en la denominación de esta propuesta
disciplina. Shusterman adopta “somaestética” para su abordaje.
Por mi parte, “somatoestética”, siguiendo denominaciones más
“tradicionales” (sistema somatosensitivo, somatología,
somatometría, somatoemocional, etc., etc.; diferente, asimismo, de
somatoestesis, pero compartiendo el mismo prefijo). Por otra parte,
aun cuando comparto, hasta donde conozco, algunas propuestas del
autor, el proviene del pragmatismo; en mi caso sigo el enfoque
sistémico propuesto por Mario Bunge quien, por otra parte, critica
al pragmatismo.
Shusterman,
al parecer, no abandona la consideración de la belleza y la [p.
289]
relación
con las artes. Creo haber dejado claro que lo bello y las artes se
corresponde con el subsistema [C] cultural, con todo lo que esto
implica de diverso respecto del subsistema [Bp] biosicológico, lo
que aplica la distinción entre ciencias fácticas y ciencias
sociales (Bunge). En resumen: pretendo liberar a la somatoestética
de los tradicionales lazos con las artes (Hegel y la Filosofía del
arte) y despreocuparla de los juicios de valor sociales y culturales,
abordables, en principio, según dos conceptos: convención y
consenso.
De
acuerdo con el segundo de los filósofos mencionados, Enrique Dussel,
si, como señala, la ética, desde el punto de vista de la economía
tiene que ver en primera y última instancia con la VIDA (y es lo que
le da sentido, a la economía, por supuesto), no menos tienen que ver
con la VIDA la política y la cultura. ¿Qué cabe decir, respecto de
la somatoestética? ¿En dónde encontrarían sentido, si no? Éste
es ya un planteo ético.
Ahora
bien, desde el punto de vista de una Estética de la Liberación,
como propone el filósofo, estimo deslindar incumbencias: belleza y
artes tienen su lugar en el subsistema cultural, aunque no están
confinadas al mismo. La consecuencia importante que surge es que así
la liberación resulte más profunda. Nadie queda excluido,
marginado. Más allá de obvias diferencias, somos seres humanos,
compartimos esta condición. El enfoque somato-estético resulta así
más liberador, no hay ya razas superiores, o culturas que puedan
prevalecer sobre otras. Por utópico que parezca, las riquezas
materiales, intelectuales, las diferencias políticas quedarían
superadas.
Así
pues, reitero algo que alguna vez señalé: la somatoestética surge
como una herramienta para comprender la complejidad de estas
experiencias integrando múltiples disciplinas y evitando
simplificaciones. Su enfoque de tal modo ampliado permite analizar
impactos tanto individuales como sociales destacando, además, su
inobjetable relevancia respecto de la salud psicosomática.
Por
lo tanto, de ahí surge la importancia de investigar cómo los
cambios medioambientales, culturales, económicos y políticos,
afectan (no en forma individual exclusivamente) dicha salud
psicosomática, también en el orden social. Así, la estética, no
ya sólo filosofía del arte (enfoque cultural), dejará de ser una
especulación considerada ociosa, como en más de una vez lo fue,
tanto como lo fueron las artes.
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autor. Mag. Fabiani, Nicolás Luis. Prof. En Letras (UNLP). Magister
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Iberoamericanos (Univ. de Poitiers). D.E.A. en Filosofía
(Barcelona). Ejerció como titular de las cátedras de Estética y de
El arte en la Cultura (UNMDP); Historia del Arte (UNICEN). Prof.
Conservatorio Provincial de Música “Luis Gianneo” de Mar del
Plata. Fue Investigador categorizado y Director del GIE (Grupo de
Investigaciones Estéticas, UNMDP). Fundador del IECE (Instituto de
Estudios Culturales y Estéticos)
[p.290]
Referencia
bibliográfica de este artículo:
Fabiani,
Nicolás Luis (2026) Somatoestética: propuesta para nueva
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