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Separata
Somatoestética. ¿Estético o artístico?
Nicolás
Luis Fabiani
En
el presente artículo me propongo seguir reflexionando sobre la somatoestética y
su concepto a partir del trabajo publicado en el número anterior de IECE
Revista Digital Nº 19, julio de 2025. En él sentaba algunas bases a tomar en
cuenta para recortar un campo disciplinar en el que propongo seguir avanzando a
todos aquellos que manifiesten interés en el mismo. En lo que a mí me
concierne, como planteaba en sus últimos videos Enrique Dussel con respecto a
la escritura de su Estética de la liberación, no creo disponer de tiempo
vital más que para exponer algunas líneas de investigación, o más modestamente,
algunas ideas, no ya estudios o teorías como corresponderían concebirse. Valga.
La
somatoestética
Antes
de responder el interrogante sobre “estético o artístico” espero que el lector
aguarde hasta avanzar un poco más en el presente trabajo. Un poco de paciencia,
por favor.
Destacaba
en el artículo citado anteriormente que “la somatoestética refiere al cuerpo
humano, al organismo, un sistema biopsicológico en el que se procesan estímulos
y reacciones ante ellos.” Por otra parte, partía de la consideración de un ser
humano en tanto biosistema. Asimismo,
atendiendo a una consideración más general, adoptaba el punto de vista
sistémico, considerado en muchos de mis trabajos y enfocado en discernir con
mayor claridad algunos conceptos.
Dicho
así, podemos ensayar, ante todo, el enfoque sistémico atendiendo a aquello que
refiere al organismo. Cito de aquel artículo: “Partamos entonces de lo
siguiente: a) “los organismos son quimiosistemas autocontrolados y
semiabiertos” (Bunge, Epistemología: 102) o “los organismos son cosas y, más
particularmente, sistemas concretos.” (Bunge, Tratado de filosofía, Vol. 4:
2012, p. 124); b) somos biosistemas, a la vez que formamos parte de un sistema
social (que incluye los mencionados subsistemas [E] económico, [P] político,
[C] cultural.”
Así
pues, ¿en qué se diferencia mi enfoque, muy especialmente, de otras
aproximaciones a la Estética? En primer lugar en lo que pareciera aún
repercutir, en aquellos, la concepción hegeliana, tal como es conocida a partir
de la publicación de la Introducción a sus Lecciones de Estética:
“A
la vista de lo inadecuado, o, mejor dicho, de lo superficial de este nombre, se
intentó forjar otros, como, p. ej., calística. Pero también éste se muestra
insuficiente, pues la ciencia que proponemos considera, no lo bello en general,
sino puramente lo bello del arte. Nos conformaremos, pues, con el nombre de
Estética, dado que, como mero nombre, nos es indiferente, y, además, se ha
incorporado de tal modo al lenguaje común que, como nombre, puede conservarse.
No obstante, la expresión apropiada para nuestra ciencia es «filosofía del
arte», y, más determinadamente, «filosofía del arte bello».” (Hegel, 1989: 7)
Y
bien, me aparto, como ya alguna vez señalé, tanto de “filosofía del arte” como
consideraciones acerca de lo “bello” y de la “Belleza”. Por lo menos en lo que
concierne al enfoque biopsicológico [Bp]. Y si acaso me ocupo de arte prefiero
hacerlo del plural artes y desde un punto de vista cultural [C].
Por
otra parte, algo más respecto de la propuesta de Hegel: “no le es enteramente
adecuado el nombre de estética, pues «estética» designa más exactamente la
ciencia del sentido, del sentir…”
Precisamente en trabajos anteriores adopté el concepto de aisthesis
(de allí estética) referida a los sentidos, basándome en Baumgarten, alguien a
quien Hegel eludía nombrar cuando mencionaba que “la escuela wolffiana debía
convertirse en una disciplina filosófica en aquella época en que en Alemania
las obras de arte eran consideradas en relación a los sentimientos que debían
producir…” (Hegel, 1989: 7)
Respecto
de la belleza Umberto Eco señalaba: “Este libro -se refiere a la Introducción a
la Historia de la belleza- parte del principio de que la belleza nunca
ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros
según la época histórica y el país...” [14] Volveré más adelante sobre estas
cuestiones referidas a la Belleza y aun hasta la distinción hegeliana entre lo
bello natural y lo bello artístico. (cf.
Dussel, lo que llama “belleza física o natural”)
La
somatoestética tiene que ver, pues, con los sentidos, con los procesos
perceptivos y más, en tanto somos biosistemas. Debo señalar que, en mis
primeras aproximaciones a nuevos enfoques, me centraba en la neuroestética.
En adelante, al considerar que el cerebro es un órgano más en nuestra
constitución, y que el sistema nervioso también es un más de esa
constitución, adopté somatoestética para denominar esta disciplina que
deberá considerarse de aquí en más como tal. Soma y aisthesis y,
si se quiere, los sentidos como puertas de acceso para los procesos perceptivos
y emotivos que se originan al abrirse esas puertas. Caben aquí las precisiones
que adopta Shusterman quien, por caminos distintos del mío, adopta la
denominación “somaestética” respecto de somatoestética como propongo.
Adopto el prefijo somato en relación con otros usos ya habituales; somatología,
somatoestesis, somatosensorial, y otros. Pero vayamos a las
precisiones. Además de los sentidos “individuales” (como denomina el autor
citado a los cinco sentidos “familiares”), señala: “Les sens somesthésiques
sont généralement divisés en extéroceptifs (liés à des stimuli extérieurs au
corps et ressentis sur la peau), proprioceptifs (venus de l’intérieur du corps
et portant sur l’orientation de parties du corps les unes par rapport aux
autres, et sur l’orientation du corps dans l’espace) et viscéraux, ou
intéroceptifs (dérivant d’organes internes et généralement associés à la
douleur).”[1]
(Shusterman, 2010: 17)
Por
su parte, señala Bunge, “todos los organismos están
sometidos a dos tipos de control: el interno y el ambiental, o autorregulación
y regulación externa.” p. 135 ¿Qué cabe esperar entonces? Obviamente no estamos
aislados, de ahí que toda “información”, que llegue externa o internamente esté
relacionada con esta autorregulación. Lo que implica procesos sumamente
complejos respecto de aquellas consecuencias de las que podamos ser conscientes[2]. De ahí que no sea tan
simple, desde el punto de vista biopsicológico, lanzar una exclamación tal como
¡qué belleza!. Y menos aún que sea universalmente válida.
Estética y sistemismo
¿Acaso pretendo destruir la habitual concepción de la Estética?
Entiendo que no. “Lo que importa, señala Bunge, no es destruir la tradición,
sino promover su evolución” (Bunge, 2002: 71).
Es verdad que mi propuesta somatoestética tiene que ver con un enfoque
biopsicológico, científico. Pero no se puede borrar la historia de la Estética
desde el punto de vista cultural. Eso sí, ¡quede claro que la ciencia es parte
de nuestra cultura! Por cultura me estoy refiriendo aquí a un enfoque desde
las, digamos, ciencias sociales: la historia, la filosofía, la economía, la
política. Cuanto ha sido escrito sobre la Estética como rama de la filosofía es
parte de nuestra cultura; tanto como de su historia, de su relación con las
artes, la economía, la política. Esto corresponde al sistemismo (o al
“sociosistemismo respecto de la sociedad, dado que sostiene que ésta es un
sistema compuesto por subsistemas (la economía, la cultura, la organización
política, etc.) y que tiene propiedades (tales como la estratificación y la estabilidad
política) que no posee ningún individuo” Bunge 326. Porque estas relaciones hay
que considerarlas, ¡y muy seriamente! (valga el imperativo). Así, “en lugar de
descartar por completo nuestro legado filosófico, debemos enriquecerlo.” Bunge
p. 326 Pasemos a otro tipo de
consideraciones más relacionadas con el título de este artículo.
Artístico en lugar de estético
Estamos muy acostumbrados a aplicar el adjetivo “estético/a” a
aquello que consideramos bello. Vale decir: creemos que lo estético tiene que
ver con la belleza y también con una calificación positiva de alguna cosa.
Hasta afirmamos que algo puede ser estéticamente feo, o mejor, que puede ser
estéticamente bello o feo. Podemos buscar justificaciones para tan alocados
juicios (volver a la cita de Umberto Eco). Y por cierto podemos discutir
acaloradamente con quienes se opongan a esos, nuestros implacables juicios.
Intolerancia.
Si tomáramos en cuenta cuanto se dijo sobre somatoestética nos
daríamos cuenta que aplicar estético [Bp, biopsicológico] en lugar de artístico
([C], cultural) debe analizarse cuidadosamente a qué nos referimos. No son lo
mismo los procesos orgánicos que los juicios culturales, por cierto. Y sin
embargo no nos cuidamos de su diferencia. Hasta volvería a los griegos para
distinguir techne (τέχνη) de aisthesis (y del latín ars). Algunos ejemplos
tomados casi al azar pueden servir al respecto: el “llamado movimiento
estético” (Gombrich, 1995: 533); “El utilitarismo estético” Hauser, 612; el “quietismo
estético” (Id. 593): “forma estética autónoma” (id. 66); “la educación
estética” (id. 447) y aquí plantearía la duda entre educación artística y/o
estética: ¿a qué se aludiría en un caso y en otro?; etc. etc. Afirmaría, pues,
que todo cuanto se relaciona con los sentidos [Bp] es estético, sea o no
artístico.
Con el debido respeto por la enorme obra de Enrique Dussel
tomaré un texto de su autoría para reflexionar sobre él y señalaré las
diferencias pertinentes que ayudarían a explicitar mejor, quizá, mi propuesta.
El texto en cuestión es Siete hipótesis para una “Estética de la liberación”.
No podré extenderme en la totalidad de este texto tanto por razones de espacio
cuanto de contenido. Esto último precisamente relacionado con “estética” y
“liberación”. Esto requiere un análisis exhaustivo que, estimo, consideraré en
un próximo trabajo. Pero quede claro que no se trata aquí de un simple juego de
reemplazar “estético/a” por “artístico/a”.
Ante todo debo señalar algunas coincidencias en cuanto a
estética. Coincidimos en el punto de partida, la aisthesis, en tanto
“apertura de la subjetividad humana ante las cosas reales que nos rodean”,
“apertura estética al mundo y a las cosas”, pero, en mi caso, sin que tenga que
ver con lo bello o la Belleza. Asimismo me parece plausible la distinción entre
siguiente la afirmación: “los diversos aspectos de la estética física o natural
(forma, color, sonido, olor, etc.) se desarrollan en una estética cultural”, y
no así que parta “de la propiedad física subsumida como bella en el mundo”, que
“la despliega constituyendo un fenómeno humano donde la belleza alcanza nuevos
modos de su manifestación.” La objeción sobre la belleza ya la consideré, pero
por razones de espacio dejaré estas consideraciones para otro trabajo en
preparación.
Tomaré ahora algunos ejemplos allí donde se menciona “estética”
(o estética/o) y caben mis puntos de vista. Unos pocos serán suficientes para
mi propósito actual. En primer lugar donde se afirma que en la “totalidad
cultural la estética juega un papel fundamental.” Si bien tenemos un amplio
desarrollo en cuanto a la relación de la estética y las artes (y la Belleza),
sin negarla, es precisamente aquí donde hay que establecer la especificidad del
campo somatoestético, no ya de aquel de la estética tradicional.
Entonces, por un lado este nuevo campo y, por otro, el punto de vista cultural
relacionado con las distintas artes y concepciones culturales de las distintas
nociones de belleza (las bellezas, por mejor decir).
Respecto de intención estética (aisthesis, para Dussel),
desde el punto de vista de la somatoestética se debe considerar ésta última, en
parte como no intencionada. Vale decir la necesidad de tomar en cuenta
todos esos procesos no conscientes que se desencadenan más allá de aquellos
estímulos de los que sí tenemos consciencia.
En algunos casos cabrá aplicar “somatoestético/a”, también como
adjetivo y tal como se aplica “estético/a”, aunque no en el mismo sentido.
Por fin, de lo que se trata es de “liberar” a la estética (en
rigor, a la somatoestética) de su estrecha relación con las artes, relación
que, como se ha señalado, se establece en el subsistema cultural, y
eventualmente seguirá manteniéndose de acuerdo con el tradicional uso de estético/a
consagrado por el uso y por su alusión a lo “bello”.
Un breve elenco de reemplazos sería al siguiente: Allí donde se
menciona “obra estética” → obra artística (obra de arte); “colonialidad estética” → colonialidad artística; “campo estético” → campo artístico;
“cultura estética” → cultura artística. Basten estos ejemplos para resumir.
Dejo al lector la tarea de otros reemplazos en el texto citado de Dussel.
Para no perder el rumbo: hacia una somatoestética y la
liberación
La reflexiones anteriores no atendieron a meros juegos
lingüísticos: artístico/a en lugar de estético/a, usos que relacionan la
estética con valores culturales sometidos a los constantes cambios y a su
relatividad. Aquí presento un breve anticipo que abre el tema futuro. La
somatoestética, como vengo señalando, se relaciona con el subsistema Cultural
[C] o, desde un punto de vista sistémico, cómo se podrá considerar esa relación
en cuanto exploración y tarea para la investigación. Se apunta a un campo de
investigación de complejos procesos en los que lo investigativo se antepone a
cualquier juicio valorativo. Si es bello o no, si es bueno o malo, etc., etc.
está lejos de ser un requisito de ineludible valoración. Se trata de procesos,
un objeto de estudio. Pero, y esto importa para lo que se viene mencionando
como “estética de la liberación”, ya no será un estudio sobre la naturaleza,
las obras de artes (o culturales), sino los procesos que tienen que ver con
seres humanos más allá de cualquier raza, cultura, convicción política. En
definitiva esas consideraciones acerca de aquellos otros subsistemas, aun
cuando, insisto, sus relaciones pueden ser de sumo interés.
Entonces, no se trata ya de una “liberación” de una cultura que
somete a dependencia a una u otras, sino una liberación en tanto esos procesos
somatoestéticos son compartidos por los seres humanos. Y aquí puede postularse
una universalidad[3]
que, por lo menos, desde el punto de vista de la liberación, nos permite
avanzar más allá de liberar a una cultura de la colonialidad en la que pudiera
encontrarse sumergida. Y esto, subrayo, no es una abstracción, sino la
concreción de un humanismo, humanitario[4], finalidad última a la que
apelo, por lo menos hasta donde alcanza mi limitada capacidad de comprensión.
Imagen: Fernando Botero:
La dama reclinada
Foto Diario La Capital (MdP)
Bibliografía
Bunge, Mario; Ardila,
Rubén (2002) Filosofía de la psicología. México, Siglo XXI Editores, S.
A.
Dussel, Enrique (2020)
Siete hipótesis para una “Estética de la
liberación”. Madrid,
Ed. Trotta.
Fabiani, Nicolás Luis ()
Gombrich, E. (1995) Historia del Arte. México, Ed.
Diana.
Hauser, A. () Historia social de la literatura y el
arte.
Hegel, G. (1989) Lecciones sobre la estética, Madrid, Ed.
Akal
Shusterman. Richard (2010) Conscience soma-esthétique,
perception proprioceptive et action.
https://www.academia.edu/34773683/Conscience_soma_esthétique_perception_proprioceptive_et_action
[1] Los sentidos somaestésicos son generalmente
divididos en exteroceptivos (relacionados con estímulos exteriores al cuerpo y
que se experimentan sobre la piel), propioceptivos (que provienen del interior
del cuerpo y que se vinculan con la orientación de las partes del cuerpo
relacionadas unas con otras y con la
orientación del cuerpo en el espacio) y viscerales o interoceptivos (que
derivan de los órganos internos y generalmente se asocian con el dolor). La
traducción me pertenece.
[2] Cabría pensar también la distinción
reacción/respuesta, así como también atracción/repulsión.
[3] Universalidad que no significa que dado un
determinado, estímulo la respuesta será la misma en cualquier ser humano.
[4] La coma entre humanismo y humanitario
quiere establecer una pausa significativa: humanismo sí, pero humanitario.
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