29 enero 2026

IECE REVISTA DIGITAL Nº 20 DICIEMBRE 2025

 

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Separata

Somatoestética. ¿Estético o artístico?

 

Nicolás Luis Fabiani

 

En el presente artículo me propongo seguir reflexionando sobre la somatoestética y su concepto a partir del trabajo publicado en el número anterior de IECE Revista Digital Nº 19, julio de 2025. En él sentaba algunas bases a tomar en cuenta para recortar un campo disciplinar en el que propongo seguir avanzando a todos aquellos que manifiesten interés en el mismo. En lo que a mí me concierne, como planteaba en sus últimos videos Enrique Dussel con respecto a la escritura de su Estética de la liberación, no creo disponer de tiempo vital más que para exponer algunas líneas de investigación, o más modestamente, algunas ideas, no ya estudios o teorías como corresponderían concebirse. Valga.

 

La somatoestética

 

Antes de responder el interrogante sobre “estético o artístico” espero que el lector aguarde hasta avanzar un poco más en el presente trabajo. Un poco de paciencia, por favor.

Destacaba en el artículo citado anteriormente que “la somatoestética refiere al cuerpo humano, al organismo, un sistema biopsicológico en el que se procesan estímulos y reacciones ante ellos.” Por otra parte, partía de la consideración de un ser humano en tanto biosistema.  Asimismo, atendiendo a una consideración más general, adoptaba el punto de vista sistémico, considerado en muchos de mis trabajos y enfocado en discernir con mayor claridad algunos conceptos.

Dicho así, podemos ensayar, ante todo, el enfoque sistémico atendiendo a aquello que refiere al organismo. Cito de aquel artículo: “Partamos entonces de lo siguiente: a) “los organismos son quimiosistemas autocontrolados y semiabiertos” (Bunge, Epistemología: 102) o “los organismos son cosas y, más particularmente, sistemas concretos.” (Bunge, Tratado de filosofía, Vol. 4: 2012, p. 124); b) somos biosistemas, a la vez que formamos parte de un sistema social (que incluye los mencionados subsistemas [E] económico, [P] político, [C] cultural.”

Así pues, ¿en qué se diferencia mi enfoque, muy especialmente, de otras aproximaciones a la Estética? En primer lugar en lo que pareciera aún repercutir, en aquellos, la concepción hegeliana, tal como es conocida a partir de la publicación de la Introducción a sus Lecciones de Estética:

 

“A la vista de lo inadecuado, o, mejor dicho, de lo superficial de este nombre, se intentó forjar otros, como, p. ej., calística. Pero también éste se muestra insuficiente, pues la ciencia que proponemos considera, no lo bello en general, sino puramente lo bello del arte. Nos conformaremos, pues, con el nombre de Estética, dado que, como mero nombre, nos es indiferente, y, además, se ha incorporado de tal modo al lenguaje común que, como nombre, puede conservarse. No obstante, la expresión apropiada para nuestra ciencia es «filosofía del arte», y, más determinadamente, «filosofía del arte bello».” (Hegel, 1989: 7)

 

Y bien, me aparto, como ya alguna vez señalé, tanto de “filosofía del arte” como consideraciones acerca de lo “bello” y de la “Belleza”. Por lo menos en lo que concierne al enfoque biopsicológico [Bp]. Y si acaso me ocupo de arte prefiero hacerlo del plural artes y desde un punto de vista cultural [C].

Por otra parte, algo más respecto de la propuesta de Hegel: “no le es enteramente adecuado el nombre de estética, pues «estética» designa más exactamente la ciencia del sentido, del sentir…”  Precisamente en trabajos anteriores adopté el concepto de aisthesis (de allí estética) referida a los sentidos, basándome en Baumgarten, alguien a quien Hegel eludía nombrar cuando mencionaba que “la escuela wolffiana debía convertirse en una disciplina filosófica en aquella época en que en Alemania las obras de arte eran consideradas en relación a los sentimientos que debían producir…” (Hegel, 1989: 7)

 

Respecto de la belleza Umberto Eco señalaba: “Este libro -se refiere a la Introducción a la Historia de la belleza- parte del principio de que la belleza nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros según la época histórica y el país...” [14] Volveré más adelante sobre estas cuestiones referidas a la Belleza y aun hasta la distinción hegeliana entre lo bello natural y lo bello artístico.  (cf. Dussel, lo que llama “belleza física o natural”)

 

La somatoestética tiene que ver, pues, con los sentidos, con los procesos perceptivos y más, en tanto somos biosistemas. Debo señalar que, en mis primeras aproximaciones a nuevos enfoques, me centraba en la neuroestética. En adelante, al considerar que el cerebro es un órgano más en nuestra constitución, y que el sistema nervioso también es un más de esa constitución, adopté somatoestética para denominar esta disciplina que deberá considerarse de aquí en más como tal. Soma y aisthesis y, si se quiere, los sentidos como puertas de acceso para los procesos perceptivos y emotivos que se originan al abrirse esas puertas. Caben aquí las precisiones que adopta Shusterman quien, por caminos distintos del mío, adopta la denominación “somaestética” respecto de somatoestética como propongo. Adopto el prefijo somato en relación con otros usos ya habituales; somatología, somatoestesis, somatosensorial, y otros. Pero vayamos a las precisiones. Además de los sentidos “individuales” (como denomina el autor citado a los cinco sentidos “familiares”), señala: “Les sens somesthésiques sont généralement divisés en extéroceptifs (liés à des stimuli extérieurs au corps et ressentis sur la peau), proprioceptifs (venus de l’intérieur du corps et portant sur l’orientation de parties du corps les unes par rapport aux autres, et sur l’orientation du corps dans l’espace) et viscéraux, ou intéroceptifs (dérivant d’organes internes et généralement associés à la douleur).”[1] (Shusterman, 2010: 17)

Por su parte, señala Bunge, “todos los organismos están sometidos a dos tipos de control: el interno y el ambiental, o autorregulación y regulación externa.” p. 135 ¿Qué cabe esperar entonces? Obviamente no estamos aislados, de ahí que toda “información”, que llegue externa o internamente esté relacionada con esta autorregulación. Lo que implica procesos sumamente complejos respecto de aquellas consecuencias de las que podamos ser conscientes[2]. De ahí que no sea tan simple, desde el punto de vista biopsicológico, lanzar una exclamación tal como ¡qué belleza!. Y menos aún que sea universalmente válida.

 

 

Estética y sistemismo

¿Acaso pretendo destruir la habitual concepción de la Estética? Entiendo que no. “Lo que importa, señala Bunge, no es destruir la tradición, sino promover su evolución” (Bunge, 2002: 71).  Es verdad que mi propuesta somatoestética tiene que ver con un enfoque biopsicológico, científico. Pero no se puede borrar la historia de la Estética desde el punto de vista cultural. Eso sí, ¡quede claro que la ciencia es parte de nuestra cultura! Por cultura me estoy refiriendo aquí a un enfoque desde las, digamos, ciencias sociales: la historia, la filosofía, la economía, la política. Cuanto ha sido escrito sobre la Estética como rama de la filosofía es parte de nuestra cultura; tanto como de su historia, de su relación con las artes, la economía, la política. Esto corresponde al sistemismo (o al “sociosistemismo respecto de la sociedad, dado que sostiene que ésta es un sistema compuesto por subsistemas (la economía, la cultura, la organización política, etc.) y que tiene propiedades (tales como la estratificación y la estabilidad política) que no posee ningún individuo” Bunge 326. Porque estas relaciones hay que considerarlas, ¡y muy seriamente! (valga el imperativo). Así, “en lugar de descartar por completo nuestro legado filosófico, debemos enriquecerlo.” Bunge p. 326  Pasemos a otro tipo de consideraciones más relacionadas con el título de este artículo.

 

Artístico en lugar de estético

 

Estamos muy acostumbrados a aplicar el adjetivo “estético/a” a aquello que consideramos bello. Vale decir: creemos que lo estético tiene que ver con la belleza y también con una calificación positiva de alguna cosa. Hasta afirmamos que algo puede ser estéticamente feo, o mejor, que puede ser estéticamente bello o feo. Podemos buscar justificaciones para tan alocados juicios (volver a la cita de Umberto Eco). Y por cierto podemos discutir acaloradamente con quienes se opongan a esos, nuestros implacables juicios. Intolerancia.

Si tomáramos en cuenta cuanto se dijo sobre somatoestética nos daríamos cuenta que aplicar estético [Bp, biopsicológico] en lugar de artístico ([C], cultural) debe analizarse cuidadosamente a qué nos referimos. No son lo mismo los procesos orgánicos que los juicios culturales, por cierto. Y sin embargo no nos cuidamos de su diferencia. Hasta volvería a los griegos para distinguir techne (τέχνη) de aisthesis (y del latín ars). Algunos ejemplos tomados casi al azar pueden servir al respecto: el “llamado movimiento estético” (Gombrich, 1995: 533); “El utilitarismo estético” Hauser, 612; el “quietismo estético” (Id. 593): “forma estética autónoma” (id. 66); “la educación estética” (id. 447) y aquí plantearía la duda entre educación artística y/o estética: ¿a qué se aludiría en un caso y en otro?; etc. etc. Afirmaría, pues, que todo cuanto se relaciona con los sentidos [Bp] es estético, sea o no artístico.

 

Con el debido respeto por la enorme obra de Enrique Dussel tomaré un texto de su autoría para reflexionar sobre él y señalaré las diferencias pertinentes que ayudarían a explicitar mejor, quizá, mi propuesta. El texto en cuestión es Siete hipótesis para una “Estética de la liberación”. No podré extenderme en la totalidad de este texto tanto por razones de espacio cuanto de contenido. Esto último precisamente relacionado con “estética” y “liberación”. Esto requiere un análisis exhaustivo que, estimo, consideraré en un próximo trabajo. Pero quede claro que no se trata aquí de un simple juego de reemplazar “estético/a” por “artístico/a”.

Ante todo debo señalar algunas coincidencias en cuanto a estética. Coincidimos en el punto de partida, la aisthesis, en tanto “apertura de la subjetividad humana ante las cosas reales que nos rodean”, “apertura estética al mundo y a las cosas”, pero, en mi caso, sin que tenga que ver con lo bello o la Belleza. Asimismo me parece plausible la distinción entre siguiente la afirmación: “los diversos aspectos de la estética física o natural (forma, color, sonido, olor, etc.) se desarrollan en una estética cultural”, y no así que parta “de la propiedad física subsumida como bella en el mundo”, que “la despliega constituyendo un fenómeno humano donde la belleza alcanza nuevos modos de su manifestación.” La objeción sobre la belleza ya la consideré, pero por razones de espacio dejaré estas consideraciones para otro trabajo en preparación.

Tomaré ahora algunos ejemplos allí donde se menciona “estética” (o estética/o) y caben mis puntos de vista. Unos pocos serán suficientes para mi propósito actual. En primer lugar donde se afirma que en la “totalidad cultural la estética juega un papel fundamental.” Si bien tenemos un amplio desarrollo en cuanto a la relación de la estética y las artes (y la Belleza), sin negarla, es precisamente aquí donde hay que establecer la especificidad del campo somatoestético, no ya de aquel de la estética tradicional. Entonces, por un lado este nuevo campo y, por otro, el punto de vista cultural relacionado con las distintas artes y concepciones culturales de las distintas nociones de belleza (las bellezas, por mejor decir).

Respecto de intención estética (aisthesis, para Dussel), desde el punto de vista de la somatoestética se debe considerar ésta última, en parte como no intencionada. Vale decir la necesidad de tomar en cuenta todos esos procesos no conscientes que se desencadenan más allá de aquellos estímulos de los que sí tenemos consciencia.

En algunos casos cabrá aplicar “somatoestético/a”, también como adjetivo y tal como se aplica “estético/a”, aunque no en el mismo sentido.

Por fin, de lo que se trata es de “liberar” a la estética (en rigor, a la somatoestética) de su estrecha relación con las artes, relación que, como se ha señalado, se establece en el subsistema cultural, y eventualmente seguirá manteniéndose de acuerdo con el tradicional uso de estético/a consagrado por el uso y por su alusión a lo “bello”.

Un breve elenco de reemplazos sería al siguiente: Allí donde se menciona “obra estética” obra artística (obra de arte); “colonialidad estética” → colonialidad artística; “campo estético” → campo artístico; “cultura estética” → cultura artística. Basten estos ejemplos para resumir. Dejo al lector la tarea de otros reemplazos en el texto citado de Dussel.

 

 

Para no perder el rumbo: hacia una somatoestética y la liberación

 

La reflexiones anteriores no atendieron a meros juegos lingüísticos: artístico/a en lugar de estético/a, usos que relacionan la estética con valores culturales sometidos a los constantes cambios y a su relatividad. Aquí presento un breve anticipo que abre el tema futuro. La somatoestética, como vengo señalando, se relaciona con el subsistema Cultural [C] o, desde un punto de vista sistémico, cómo se podrá considerar esa relación en cuanto exploración y tarea para la investigación. Se apunta a un campo de investigación de complejos procesos en los que lo investigativo se antepone a cualquier juicio valorativo. Si es bello o no, si es bueno o malo, etc., etc. está lejos de ser un requisito de ineludible valoración. Se trata de procesos, un objeto de estudio. Pero, y esto importa para lo que se viene mencionando como “estética de la liberación”, ya no será un estudio sobre la naturaleza, las obras de artes (o culturales), sino los procesos que tienen que ver con seres humanos más allá de cualquier raza, cultura, convicción política. En definitiva esas consideraciones acerca de aquellos otros subsistemas, aun cuando, insisto, sus relaciones pueden ser de sumo interés.

Entonces, no se trata ya de una “liberación” de una cultura que somete a dependencia a una u otras, sino una liberación en tanto esos procesos somatoestéticos son compartidos por los seres humanos. Y aquí puede postularse una universalidad[3] que, por lo menos, desde el punto de vista de la liberación, nos permite avanzar más allá de liberar a una cultura de la colonialidad en la que pudiera encontrarse sumergida. Y esto, subrayo, no es una abstracción, sino la concreción de un humanismo, humanitario[4], finalidad última a la que apelo, por lo menos hasta donde alcanza mi limitada capacidad de comprensión.

 

 


 

Imagen: Fernando Botero:

La dama reclinada

Foto Diario La Capital (MdP)

 

 

Bibliografía

 

Bunge, Mario; Ardila, Rubén (2002) Filosofía de la psicología. México, Siglo XXI Editores, S. A.

Dussel, Enrique (2020) Siete hipótesis para una “Estética de la liberación”. Madrid, Ed. Trotta.

Fabiani, Nicolás Luis ()

Gombrich, E. (1995) Historia del Arte. México, Ed. Diana.

Hauser, A. () Historia social de la literatura y el arte.

Hegel, G. (1989) Lecciones sobre la estética, Madrid, Ed. Akal

Shusterman. Richard (2010) Conscience soma-esthétique, perception proprioceptive et action.

https://www.academia.edu/34773683/Conscience_soma_esthétique_perception_proprioceptive_et_action

 



[1]     Los sentidos somaestésicos son generalmente divididos en exteroceptivos (relacionados con estímulos exteriores al cuerpo y que se experimentan sobre la piel), propioceptivos (que provienen del interior del cuerpo y que se vinculan con la orientación de las partes del cuerpo relacionadas unas con otras  y con la orientación del cuerpo en el espacio) y viscerales o interoceptivos (que derivan de los órganos internos y generalmente se asocian con el dolor). La traducción me pertenece.

[2]     Cabría pensar también la distinción reacción/respuesta, así como también atracción/repulsión.

[3]     Universalidad que no significa que dado un determinado, estímulo la respuesta será la misma en cualquier ser humano.

[4]     La coma entre humanismo y humanitario quiere establecer una pausa significativa: humanismo sí, pero humanitario.


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Exponía en estas Jornadas:


"Cualquiera de las intervenciones que se hicieron en el paisaje ¿fue o no consensuada en comunidad? Ese consenso, si existió ¿fue unánime o de simple mayoría? ¿Debió respetarse el disenso? ¿Cómo? Por supuesto que estos interrogantes no derogan cualquier intervención que modifique el paisaje. Pero estas reflexiones sobre estética y paisaje (natural y urbano) adquieren una importancia más allá de una “estética de lo lindo”, por no decir de lo bello. Y por esta razón la consideración estética importa mucho más que el mero maquillaje de un pequeño jardín o un simple ornamento urbano. Hasta cabría una reflexión ética. ¿O no somos responsables?"

Reflexiones que hoy siguen vigentes para la ciudad de Mar del Plata, ante la destrucción, cada vez más acentuada, de su paisaje natural y de su patrimonio histórico-arquitectónico. 







Estas preguntas no son, obviamente, válidas únicamente para Mar del Plata.  Y, como he propuesto más de una vez, merecen un enfoque sistémico. Enfoque que, en tanto presupone consideraciones políticas y económicas, necesariamente implica una reflexión Ética que, como tal, no elude la consideración de una praxis.

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