NUEVA EDICIÓN
Julio 2026
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Separata de artículo publicado en IECE Revista Digital Nº 21, Julio 2026
Cf. texto original en:
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CIENCIA
¿El problema es la Belleza?
Un enfoque desde la somatoaisthesis y la somatoestética
NICOLÁS LUIS FABIANI
¿El problema es la Belleza? ¿O el problema es el placer (o displacer) que la supuesta belleza produce? Y la fealdad, ¿placer o displacer? Me permito, hoy, estas breves reflexiones (o invitaciones a reflexionar).
En trabajos anteriores comencé a incursionar acerca de un con-cepto que propuse como nuevo, después de haber incursionado varios años acerca de la neuroestética. No conforme con este último concepto, demasiado ceñido al cerebro, adopté audazmente el de somatoestética, habida cuenta mi cercanía al sistemismo propuesto por Mario Bunge y -vaya obviedad- a considerar al cerebro como un órgano más del soma.
Recientemente, al año pasado para ser más exacto, llegó a mi conocimiento que Richard Shusterman (Department of Philoso-phy, Florida Atlantic University) venía trabajando acerca de la somaestética, concepto aproximadamente semejante al mío, como se aprecia por su escritura, pero al que llegamos por caminos distintos.
Hace muy poco, por mi parte,, llegué a proponer la somatoestética como nueva disciplina (Fabiani, 2025). Para su desarrollo, debo señalar dos cosas: en primer lugar, que no cuento con los medios necesarios (tecnológicos, económicos) para desarrollar esa disciplina; en segundo término, que, a mi edad, solo puedo, mínimamente, emprender una tarea ensayística, destinada a proponer algunas ideas, hipótesis, sugerencias, para quien quiera incursionar por ese camino.
Ahora bien, luego de haber buscado infructuosamente la palabra somatoestética en diccionarios, textos afines a la neuroestética, inteligencia artificial, etc., volví a releer en estos últimos meses (abril de 2026) el libro de Mario Bunge y Rubén Ardila, Filosofía de la psicología y, vaya sorpresa, en la página 186, surgió: “la ceguera reduce el peso de la corteza visual, pero aumenta el de la corteza somatoestética”. Por lo menos el término aparecía empleado como adjetivo. Si bien es cierto que ya no me siento “descubridor”, por lo menos encuentro un apoyo diría académico, más cerca, de lo que propongo, y distinto del concepto adoptado por Shusterman. Diferencia hay, al respecto, sobre todo si se toma en cuenta mi casi abandono de la Belleza y las artes, como sostengo en el presente artículo.
Somatoaisthesis y somatoestética
Estimo que debe darse un paso más. ¿Acaso estoy proponiendo otra nueva disciplina? Quizá esté volviendo a la Estética; pero quizá al árbol le hayan surgido dos ramas.
En estos últimos meses me propuse indagar acerca de la distinción entre esos dos conceptos, punto de arribo más actual: el recién llegado concepto de la somatoaisthesis y el de la somatoestética, ya abordado en trabajos anteriores. Cabe pensar, pues, en las competencias de cada uno de ellos habida cuenta de la dificultad en discernir a qué se alude ahora con el concepto de soma-toaisthesis. La dificultad a superar surge de la introducción no arbitraria de este nuevo concepto, su justificación. En su momento me pareció suficiente considerar la somatoestética como perteneciente, o de mayor cercanía con el subsistema biopsicológico [Bp]. Se hacía necesario distinguir -en relación con la tradicional disciplina “Estética”- aquello que se refería a la aisthesis, de la carga heredada con la tradición y su resonancia cultural (subsistema [C]). Pero entendí que no bastaba mentar aisthesis en tanto que “origen” del concepto estética. De ahí que, afinando la competencia de un nuevo campo particular, quedaría clara la referencia y justificación de la somatoaisthesis [Bp] (su relación con la biopsicología y los procesos sensoriales, perceptivos y aun emocionales), y la referencia a la somatoestética y su relación con el subsistema [C] (cultural), más ligada a la mentada tradición “estética” (sus consideraciones sobre las artes, la belleza, la fealdad, etc., etc.) y su relación (no demasiado considerada, en muchos casos) con los subsiste-mas económico [E] y político [P]. Esto no sin dejar de considerar, aquí, su relación somática en ambos casos.
Tendríamos pues, una base común: el soma, y sus relaciones entre una y otra respecto de esa base común:
aisthesis
soma
estética
Entonces, habida cuenta que el vínculo se establece con “soma”, exploraré brevemente acerca de esos vínculos. Utilizaré (como hace Mario Bunge, creo que con humildad) el verbo parecer. Se impone porque muchos casos no puedo afirmar, en otros intentaré hipótesis y, en otros más, preguntas.
Así, pues, al parecer, en el caso de la aisthesis, como señalé antes, diría que la relación es personal, mi cuerpo, mis sensaciones, etc. En el caso de la estética, la relación es social (quizá los cuerpos), y además tiene que ver con los otros subsistemas ya nombrados. Pero sin dejar de considerar el cuerpo, el mío y el de los otros. Vivimos en sociedad. Claro, podrá señalar alguno, siempre vivimos en sociedad. Es verdad, pero los procesos son distintos: en un caso individuales, en otro, sociales. Por ejemplo, desde el punto de vista [Bp], en nuestros somas básicos, se trata de procesos neurales, por ejemplo. Desde un sistema social cabría preguntarse ¿cómo estamos inmersos somáticamente en procesos culturales?; ¿cómo la economía puede afectarnos como grupo social, clase, profesión, trabajo?; ¿o el poder político puede promovernos o marginarnos? Son apenas unos muy pocos ejemplos. Pero convengamos que muchos filósofos que se ocuparon de Estética ni siquiera se enfrentaron con estos interrogantes. Así como, por otro lado, quienes se ocuparon de neuroestética, en muchos casos sólo se ocuparon de los cerebros y, acaso, del SNC.
El tema de la belleza (¿es o no es el problema?, mencionado en el título) podría ser abordado en relación con la somatoaisthesis o la somatoestética (que no son excluyentes), es decir, en tanto procesos biopsicológicos o culturales; eso sí, sin perder de vista esa base común: el soma. Quiero decir, lo bello, las artes, etc., nunca alejadas del soma. Y, a su vez, el soma nada abstracto, sino integrado, como debe estar, al universo. Nada de conceptos ideales; sino materia del universo.
Pueden tomarse como ejemplo temas abordados con anterioridad, pero a la luz de las consideraciones que ahora anteceden: la violencia estética en relación con la somatoaisthesis y la somatoestética.
Señala Mario Bunge: “quien reconozca la existencia e importancia de la desigualdad social tratará -si tiene una mentalidad científica- de precisar los conceptos de desigualdad (económica, cultural y política), de hallar indicadores fidedignos de desigualdad, y de buscar datos para dar valores a tales indicadores.” Bunge Epistemología, p. 156 [79] Esta desigualdad puede plantearse desde el punto de vista de la somatoestética (enfoque en relación con las ciencias sociales)
Aisthesis: [Bp] Biopsicología - Individual Estética: [C] Ciencias sociales – Social
Ahora bien, ¿cómo y cuánto influyen hechos, actos, imágenes, sonidos, agresiones físicas y verbales (orales o escritas), etc., en nuestros procesos perceptivos, emocionales y conductuales, en el marco del subsistema biopsicológico [Bp], merece ser reconsiderado a la luz de los aportes de las neurociencias, al parecer, más de incumbencia de la somatoaisthesis. Mencionaría aquí, al respecto, dos niveles que distingue Bunge: “nivel celular y nivel organísmico”. (Bunge, 2012: 124)
Eso correspondería al nivel individual. En el social, señalaba, cabría atender más a los interrogantes que surgen ante esos “indicadores fidedignos de desigualdad” a los que se refería Bunge y en relación con los subsistemas [E, P, C]. Algunos de ellos pueden consultarse en mis trabajos anteriores que se citan en la bibliografía.
La consideración de los mecanismos fue apenas esbozada en ellos y deberían abordarse de aquí en más. Valga una extensa cita de Ontología II. Un mundo de sistemas, de Bunge, como para avizorar el futuro de esas reflexiones. Estas cita, aclaro, no debe tomarse como dogma, sino como de un valor heurístico para seguir avanzando.
“Presentaremos el bosquejo de una teoría sumamente simple, tanto dinámica como estocástica, que sugiere una hipótesis ontológica muy general. La teoría trata del efecto mutagénico de ciertos agentes externos que impactan aleatoriamente un sistema. (Véase Maynard Smith, 1968). Supongamos que un sistema contiene m componentes (objetivos) sensibles a ciertos agentes transmutadores discretos (proyectiles). Los componentes sensibles deben ser una parte decisiva de la totalidad de la cosa, aun cuando constituyan una pequeña parte de ella: pueden ser núcleos atómicos o celulares, orgánulos, sociosistemas clave o lo que sea. Los agentes perturbadores pueden ser partículas ionizantes, radiaciones, terroristas, burócratas o cualquier otra cosa. Se supone que cada impacto o colisión de un proyectil con un objetivo produce una mutación en éste o lo destruye y que, en todo caso, da como resultado un cambio de clase. El problema consiste en calcular la probabilidad de que n proyectiles al azar produzcan un cambio de clase (o transmutación) en un sistema con m componentes sensibles.” p 370
“Ahora bien, todo sistema está sometido a algún mutágeno, sean partículas cargadas rápidas, neutrones lentos, radiación intensa, depredadores, críticos, saboteadores o cualquier otra cosa. Además, ya sea que los misiles hayan sido apuntados y coordinados, ya sea que vayan al azar, es probable que tengan algunos efectos, no necesariamente destructivos, pero sí, en todo caso, transmutadores.” (Bunge, 2012: 371s)
Por último (aunque por cierto, no como punto final)
“Adviértase que no estamos suponiendo que todos los agentes mutagénicos son externos al sistema de interés: basta con que sean externos a sus componentes sensibles. Por ejemplo, los cromosomas están sometidos no sólo a la radiación externa, sino también a las acciones térmicas y químicas del protoplasma del entorno. Y todo sistema cultural es beneficiario o víctima no sólo de las acciones económicas y políticas, sino también de sus propios miembros creativos y destructivos.” (Bunge, 2012: 372)
Y a la luz de las consideraciones expuestas sobre somatoaisthesis y somatoestética…
Quizá, en lo que a mi respecta, deba repetir "The rest is silence" (“El resto es silencio”, (por si hiciera falta) como escribió Shakespeare al final de Hamlet.
Bibliografía
Bunge, Mario. [1979] (2012) Ontología II. Un mundo de sistemas. Vol. IV. B.A., Editorial Gedisa.
Bunge, Mario; Ardila, Rubén. [1988] (2002) Filosofía de la psicología. México, Siglo XXI Editores, S. A. 2ª de. Fabiani, Nicolás Luis. (2025) Somatoestética. ¿Estético o artístico? (En: IECE Revista Digital Nº 20) Fabiani, Nicolás Luis. (2025) Somatoestética: ¿una nueva disciplina? (En: IECE Revista Digital Nº 19)
Shusterman, Richard (2010) Conscience soma-esthktique, perception proprioceptive et action. (En: Communicatios, Paris, Seuil).
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